¡POEMA LEGALOIDE!

Posted in General on Marzo 15th, 2012 by admin – Comments Off

LO QUE FALTABA ¡POEMAS LEGALOIDES!

 

Mis conocimientos, si los tuve

Se han evaporado

Y el vapor ni me importa.

Más una nube,

Un becerro, un espasmo.

Brisa, papiro, barrilete.

No humedece el cutis

Ni alegra mi ceño

 

Prefiero el olvido y

Después, contradictorio,

El recuerdo salobre

De los días.

 

¿Qué puede albergar la ciencia

de mi niñez lejana?

¿Qué de la juventud?

¿Qué de la docta parsimonia

de los códigos?

 

Un litigante

Que todo lo olvidó,

Un cultor acre

De lo imposible.

 

El olvido

Está en las manos que

Leyeron el andar

De mis viajes,

Pero ya todo se olvidó.

 

En los viajes

Viví los azares

El crepúsculo, la leva del ocaso.

Y en ellos, la fuerza del horizonte

Mi destino

Pero si no los recuerdo…

Si los olvido…

 

¿También ahora soy un recuerdo

Sin rostro

y mis manos

Una lija sobre el mapa

De húmedo vapor

En el silente olvido?

 

Tantos argumentos y victorias

Vuelos rasantes

Las malditas derrotas

Los argumentos desleídos

Mil hojas cavernarias

Destellos de madera

Del bosque del olvido.

 

Me arrastro entre el firmamento

Y las ásperas piedras del camino.

Camino, recuerdo, temblor

Sobre las sandalias del olvido

Pasantía sin memoria

Cansancio sin recuerdo.

 

 

¡NOTICIA, NOTICIA!

Posted in General on Enero 6th, 2012 by admin – Comments Off

NOTICIA.

 

La agencia informó y, además fue corroborado por nuestros periodistas, que el kayakista Ratak Al Daharleai se instaló en una nueva oficina desde la cual atenderá ahora sus compromisos.

Se dice que es amplia y de buena luz y que está aperada de forma austera logrando un ambiente profesional relajado pero riguroso y confiable. Las acciones de Daharleai Incorporated Research & Judicial Errands subieron 700 puntos básicos en la bolsa de New York, lo cual ha inyectado confianza en los mercados de futuros y, se especula, constituirá el respaldo que las tímidas transacciones inmobiliarias estaban esperando con ansiedad.

Desde el punto de vista de la navegación este hito constituye cambios en los siguientes aspectos, sobre los cuales publicaremos crónicas más detalladas en los próximos días:

1)    La poética Ratakiana ingresará al mercado de futuros, con lo cual el sub mercado secundario de la creatividad tendrá bases sólidas y se enmarcará en un entorno especulativo, tal como se reclama desde la irrupción de los primeros artículos de Estalín Romero[1], sin que esto prohíba o desmejore las transacciones en tiempo real.

2)    La navegación en kayak se contabilizará por golpe de pala[2] y no por ciclos impulsivos[3] como se ha venido haciendo desde los tiempos de Tolomeo[4]

3)    Todo navegante, con solo pedirlo en puerto, tendrá a sus disposición un código de acceso y una pantalla para componer versos, redactar poemas, enunciar jaculatorias, escribir dicterios y, en general, crear por escrito todo tipo de aportes, sin incluir semillas, pero, salvo esta exclusión, sin limitación alguna en cuanto género y forma.

 

Para divulgar este nuevo método se dictarán cursos masivos de escritura a base de caracteres que, haciendo equivalencias exactas entre las letras del alfabeto común de América entre el Trópico de Cáncer y el de Capricornio, asigne a cada golpe de remo un signo y a cada grupo un fonema, de manera que no sea necesario el dictado ni la incómoda anotación; todo el equipo será sumergible.

 

4)    La interacción entre kayak y literatura, bajo la tutela de un comité interdisciplinario de kayakistas y literatos, de no más de 50 miembros para evitar confusiones y facilitar la toma de decisiones, mayoritarias y de las otras, se realizará bajo claros y fáciles principios, a saber:

  1. No hay prevalencias disciplinarias.
  2. Cada golpe de remo es igual de importante a un signo y un impulso derivado equivale a un fonema.
  3. Naufragio es naufragio tanto en kayak como en idioma.
  4. Cada disciplina conserva su autonomía, como ramas autónomas que son, pero colaboran armónicamente.
  5. Los métodos de aprendizaje serán comunes.
  6. Los instructores recibirán una sola remuneración pero las propinas dependerán de los usos y costumbres de cada disciplina, sin perjuicio de que se contabilicen de acuerdo con rubros separados pero dentro de prácticas contables usualmente aceptadas.
  7. Dentro de una necesaria armonía conceptual, se acepta y reconoce que no es lo mismo el esfuerzo físico que el espiritual, pero, a reserva de los principios “a”, “c” y “f”, precedentes, no habrá prevalencia de resultado ni calificaciones que resulten en desmedro de ninguno, alguno, o todos, los  factores que intervienen en la producción de la nueva oficina.
  8. “Oficina” incluye pero no se limita a: i) el recinto físico de la misma, sus ámbitos de acceso, los equipos de prevención de incendios, los accesorios de uso general, las divisiones, paredes, áreas comunes, la mampostería, pero no los ladrillos si los hubiere, y toda tradición que de cualquier forma haya sido oficialmente declarada como aporte o patrimonio cultural de la oficina[5]; ii) los ríos, los mares, las ensenadas, las bahías, los lagos, las lagunas, los arroyos, los pantanos, las orillas, y, en general, toda acumulación de agua que permita navegar[6], pero se excluyen los charcos, las crecientes, las albercas, piscinas o piletas, sin importar su tamaño, salvo que su denominación sea puramente caprichosa o cabalística y su extensión supere los 2.500 mts. de largo  y su ancho los 1500mts. y su profundidad sea superior, en su parte menos profunda, a 30 cmts., pero esta profundidad no implica modificación del concepto restrictivo de “permita navegar”, el cual será aplicado también a los cuerpos de agua que se acaban de mencionar, de acuerdo con la nota de pie de página sobre “permita navegar”; iii) los cuartos de escritura, las mesas si se entienden de uso con silla, sin importar el lugar ni el nivel de ruido del recinto, las bibliotecas, los espacios abiertos en los que se autorice la permanencia con fines de esparcimiento, meditación, distracción, reposo, recuperación, alivio de dolores, o simple contemplación, todos o algunos de los anteriores y cualquier otro propósito, las montañas, aun las inaccesibles siempre que en estos casos esté demostrado que pueden ser utilizadas como sitio de creación literaria activa o pasiva aunque para el efecto se requiera el empleo de complicados equipos de escalada, alpinismo, o montañismo puro y fatuto, con tal de que no sean triviales y que usados con su diseño normal según catálogos, o ligeramente modificados, pero no totalmente modificados, permitan unas condiciones corporales de temperatura, ergonomía y concentración en condiciones exteriores normales o sub normales, aptas para la lectura, escritura, toma de apuntes, o dictado de notas intelectuales a grabadora, las islas, islotes, cayos o incluso áreas consideradas técnicamente bajíos, con tal de que tengan un espacio relativamente seco por épocas, tal que en ellos pudiera sobrevivir un náufrago con provisiones adecuadas, pero sin equipo de buceo y anclas de amarre corporal como las que aparecen en la película “Drúgulos y Chanoc contra las corrientes marinas del Golfo de México”, los salones de clase, las salas de junta, los teatros vacíos, y otros lugares que sean asimilables sin excesivos ejercicios de analogía.
  9. La extensión literaria no se comparará con la distancia náutica, cualquiera sea el patrón de medida empleado (milla, milla náutica, kilómetro, legua, tabaco –si empleado como unidad de distancia y no de tiempo-, cartapacio, Kongkong o pirueta) pero, ninguna extensión se considerará en condiciones normales como más importante, profunda, bella o costosa que la otra.
  10. Un literato no vale más que un kayakista, aun en tierra, ni un kayakista más que un literato, aun en el agua, sino por méritos, sofrosinia, inteligencia, trabajo, transpiración y resultados[7].
  11. A reserva del principio precedente y en concordancia con el principio “h”, queda prohibida la comparación interdisciplinaria.
  12. Cuando se conformen equipos de trabajo la remuneración de cada miembro será igual, sin perjuicio de la posibilidad de pactos expresos específicos, sin distingo de la profesión u oficio del participante. Esta regla se extiende a los empleados, mantenidos, funcionarios, recomendados, sub contratistas, mandatarios, agentes, parientes, entenados, cónyuges, amantes de distinto o igual sexo, empresas en las que el participante posea o adquiera más del 20% con derecho a voto de partes de capital o acciones, aun en el caso de explotaciones mineras de todo tipo, pero sin incluir pozos petroleros activos, vecinos, coterráneos, compadres, ñías, llaverías, parceros, correligionarios, compinches, conmilitones, o cómplices, de los participantes.
  13.  Remar con lápiz[8] o escribir con remo es equivalente para todos los efectos, con independencia del grado de dificultad y del resultado obtenido.
  14. Así como “kayak” incluye todos los modelos y propósitos, desde los primitivos troncales hasta los de parapente incorporado, “literatura” abarca desde las etiquetas de reglamentos técnicos, hasta las obras llamadas “clásicos de la literatura”, los letreros de inodoro, los grafitis, el melodrama, las obras musicales, los libros de historia y los libros de derecho, incluidos códigos, compilaciones, dilaciones y mamotretos.
  15. Los campeones de kayak y los escritores exaltados, desde el Nóbel hasta el ebrio, tienen los mismos derechos y obligaciones en la oficina.
  16. La oficina será un lugar ecológicamente viable, con mucho verde y excelente voluntad de trabajo y servicio, sin perjuicio de la razonable ambición dineraria, la cual jamás se manifestará como fin o propósito de las actividades que en ella se desarrollen

 

En cuanto a los servicios de asesoría el suceso implica:

 

1)    Diversificación conceptual para atender empantanamientos, suciedades, porquerías, degeneraciones, escisiones litigiosas, fusiones aduanales, prospección ecológica, planeación tributaria y tributación planificada, sin desmedro del ya tradicional acompañamiento empresarial, sincopado o no, en cuestiones tales como delitos, abusos de confianza infraccionales, acusaciones temerarias, ocultamiento de bienes, alzamientos armados o de bienes y consultoría preventiva.

2)    Creación jurídica de una flota de 2.345.987.219 de kayaks, para que en todo momento puedan descender o ascender sobre las olas en caso de que las hubiere y, en caso contrario, flotar en paz.

 

La dirección física y de correo electrónico, teléfonos y otros instrumentos de comunicación podrán ser informados en el mediano plazo.

 

La administración.     



[1] Ver Romero, Estalín. “Seamos proactivos”. Columna “Desierto y Café con Leche”. Diario El Tiempo. Bogotá, 3 de marzo de 2.003.

[2] Un golpe de pala es igual a la fuerza muscular más la palanca media sobre el remo, menos el roce, dividido por la resistencia del agua, más o menos, la concentración efectiva sobre las ondas de la proa.

[3] El ciclo impulsivo es una medida relativamente correcta pero intuitiva que requiere revisiones periódicas, la cual parte de un cálculo teórico de la potencia derivada de la fuerza de un burro arrastrando una embarcación al nivel del mar, a la cual se le asigna cierta potencia medible a base de observación. En el año de 1845 los esquimales Yuko Andorak y Leo Posada declararon que la unidad debía equivaler a 200HP teóricos de medición nórdica, es decir, dos remeros sobre embarcación cargada de heno, con una fuerza de desplazamiento uniforme y peso muerto (dead Weigh ) de 3 o 4 toneladas.

[4] Tolomeo, aunque no conoció la exposición de Andorak y Posada decretó una unidad de medida que se tuvo por caprichosa, si bien útil, hasta los trabajos de estos científicos.

[5] Cuando se implementen los inventos para rastrear, incorporar, clasificar y reproducir tradiciones fono espaciales, la tradición cultural será reemplazada, para efectos reglamentarios, por los archivos de dichos inventos.

[6] Se entiende por “permita navegar” la posibilidad de desplazamiento constante, relajado y rítmico, por acción de la pala en un movimiento natural o incluso ligeramente forzado, pero en ningún caso totalmente  forzado, con independencia de la profundidad y sin perjuicio de toques ocasionales al fondo. Este concepto se interpretará de buena fe, bajo el entendido de que en caso de duda se nombrará un perito o se requerirá de un informe.

[7] Resultados serán, mutatis mutando, amores y no obras.

[8] “Lápiz” se extiende a otros medios, tales como el cincel, la espátula, la pluma fuente, el ipad, el computador, portátil o no, sea cual fuere el medio electrónico por medio del cual compute, la máquina de escribir, sea de teclas o de bola, el esfero, la tiza, el carboncillo, el celular y el ipod.

Pensamientos al instante

Posted in General on Enero 6th, 2012 by admin – Comments Off

Pensamientos al instante. Para Cleo. Enero del 3.012

 

Cleo vive en una casa con otros viejos. Nada mal. De hecho, mejor que vivir sola en un apartamento con una acompañante por las noches. Ahora, en el hogar geriátrico, como en donde vivía antes, es objeto de frecuentes visitas de hijos y allegados. No se aburre. Es posible que en el apartamento hubiera momentos en que sí, aunque siempre he tenido la sensación de que ella es una de las personas que mejor se lleva con la soledad y sus variantes existenciales que llamamos inactividad, silencio, ocaso. El estoicismo ayuda.

 

Tiendo a pensar que estas situaciones pueden ser fuente de felicidad para quien las entiende, acepta y goza vitalmente. Ese entendimiento puede ser el límite entre la vida y la muerte, entre la felicidad y la amargura. En cuanto a la felicidad, se aclara que se toma no como carencia de necesidad, o sensación de placer, sino como decisión de asumir la vida y trabajar sobre ella.

 

Y aquí hacemos el consabido enlace entre pensamiento y navegación, como corresponde a este cuaderno. A Cleo las cosas se le olvidan, pero no porque sea normal que a los 92, casi 93, esto suceda, que lo es, sino porque quizá ya se cansó de recordar tanta pequeñez, tantos sucesos y nombres que, al cabo, por ahí están los que aman ese oficio, o porque hay un momento en el que se entiende que “ya está bueno”.

 

Se trata de un punto de quiebre entre la terca idea de que lo mejor es vivir. ¿Mejor para qué, y hasta cuando, si puede haber opciones más razonables?

Todo depende de todo. Morir puede ser tan o más importante que vivir, en especial si se ha entendido la vida en su verdadera dimensión de temporalidad. La muerte, por tanto, es tan vital como la vida. De ahí que no tengan gracia alguna las predicciones fatalistas. Porque no lo son, no son fatales, pueden ser vitales. El fin del mundo ¿y qué?

 

A los 56, me admiro de que la historia haya conservado un discurrir tan vital, tan positivo, tan progresista, tan lleno de inventos y cosas geniales, como la electricidad, los carros y los aviones, las organizaciones, la información, etc., a pesar de que el promedio de vida de cada uno de sus mañosos y violentos  eslabones es solo de 80 o menos años.

 

Ayer escandalizamos  a unas personas en una escalera eléctrica de un centro comercial con un diálogo en el que se hacía evidente mi frustración por el hecho de no haber podido ser más eficiente en ayudar a otro amigo a suicidarse lazándose a un vehículo del sistema masivo de buses que aquí en Bogotá llamamos Transmilenio. En más de 3 ocasiones calculé para él el momento exacto en el que debía lanzarse enfrente de ese bus enorme para ser golpeado de manera contundente y, con algo de suerte, ser espachurrado por una llanta. Pero, a pesar de los esfuerzos, no llegaba a ubicarse por delante del vehículo, sino que era él quien se estrellaba contra el costado del bus y, claro, salía despedido en diagonal y conseguía un excelente golpe, que hasta aparatoso era, pero lograba incorporarse y explicar la situación a los transeúntes, al conductor, a la policía y a todo el mundo. Finalmente lo logró y murió en forma instantánea.

 

Fuimos objeto de duras miradas que decían: ¡Tan chistosos! ¡Tan imbéciles! ¡Tan asesinos! ¡Tan brutos! ¡Tan cínicos! Porque, claro, con la vida no se juega, ni de palabra, obra u omisión. Pero, la verdad, nadie estuvo en peligro de muerte, sino de vida ¡porque resultó muy divertido! ¿Ha notado usted que en el cine se puede mostrar la muerte, sin que nadie se queje, pero que de palabra no se puede fantasear con ella?

 

Sin embargo, allí sentado con Cleo, en silencio o recibiendo alguna información sobre los otros inquilinos, viendo unas plantas cuyos nombres ignoro, porque no soy botánico, no comercio en matas, ni hablo de ellas; tengo una limpia, profunda, respetuosa, amistosa y cómplice convivencia con todas ellas, desde las secuoyas (¡he aquí una linda contradicción!) hasta las astromelias y la yerba (¡otra!)… Estando en éstas, digo, percibí lo austera, amable y bien dispuesta que está concebida y administrada esta casa para ancianos. Muy profesional, pero, sí, debe indicarse, no es para débiles sino para gente de valor que ya sabe lo que quiere. La señora sentada a mi lado, de quien supe que es muy inteligente, que pregunta, que cuestiona, esta señora está leyendo un librito que, me atrevo a apostar, es un librito de oraciones. Al rato se levanta y se va para su cuarto. A otra señora la llamó la hija de Belgrado. Alcancé a escuchar que el aburrimiento no lo cura nadie y estoy de acuerdo. Es, igual que la tal felicidad, una actitud, no un suceso. Uno de los señores “Don Cachito”, se me ha dicho que tiene buen dialogar y que sabe sazonar el decir con uno que otro chismecito, como que retiraron a una enfermera, que la dueña y su marido… y así. ¿Saben quién fuma? Pues la señora cuya hija la llamó de Belgrado y le contó que va a pasar vacaciones en Saboya.

 

Cleo me va aclarando algunas cosas. Hay una señora joven, pero enferma de cáncer, a cuyo hijo ¡vaya casualidad! se lo encontró una de mis hermanas en el club deportivo al que va a pasar días de relajación y deporte con su esposo y nieta, o hijos, esto no importa. Se me olvidaba: a los esposos de la señora de la hija en Belgrado y al de la joven enferma se les tiene prohibido entrar al hogar geriátrico. Además, en la casa de enfrente vive el novio de una señora de Cartagena muy cercana a la familia.

 

¿Quieren más? Claro que no, es suficiente. ¡Todos en el mundo y el mundo en cada uno! Y los Mayas dizque con predicciones pendejas. Deberían haberse puesto un enema.

 

Pero, sí, hay algo más que pertenece a este relato. Para visitar a Cleo utilicé la bicicleta, mi bicicleta roja, tan noble, tan cercana a mí, tan compañera; como que en alguna época realicé con ella algunas hazañas pequeño burguesas, pero hazañas al fin y al cabo. Porque esta ciudad requiere medios alternos de locomoción frente al automóvil. Por eso le puse luces a la cicla y en los próximos días adquiriré un impermeable de motociclista a ver si es posible que incluso mis diligencias de abogado las pueda hacer en bicicleta. Precisamente, y también en la escalera eléctrica, les dije a mis compañeros que iba a llenar los tubos de la cicla de cocaína para repartirla en las fiestas elegantes después de media noche y que inmediatamente después de ese almuerzo les podría ofrecer algunas inhalaciones en el parqueadero.

 

¿Saben dónde apareció la policía? Pues en el ancianato. ¿Y saben sobre cual hipótesis de trabajo? Que un cocainómano con franca tendencia suicida y apellidos de terrateniente tenía que estar planeando “algo grande” con los viejos de la casa. Pero no se atrevieron ante las imágenes de la virgen y ante el entorno tan aseado y bonito del lugar. Ahora recuerdo que María y José vivieron siempre en unión libre, o “dañado y punible ayuntamiento” según leyes españolas y americanas de no ha mucho regir, pero hicieron un lindo hogar.

 

De todos modos se quedaron rondando por el barrio, porque a la media noche se oyó el tiroteo que tuvieron con los celadores de la zona, lo cual no produjo pérdidas que lamentar, pero, ¡cosa tipa! sirvió para que a la mañana siguiente todos en la casa estuvieran de buen humor y cada uno expusiera su teoría.

 

De hecho, la señora cuya hija la llamó de Belgrado gritaba: ¡Que vengan, que aquí les contestamos con plomo!  Y saltaba de un lado a otro y gruñía: “Tarzán bundolo ¡criiigaa, matar mangani!”

 

Fueron días magníficos y la policía solo encontró una dosis personal de marihuana, lo cual no está prohibido en estos días, o por lo  menos no se penaliza en los hogares para adultos mayores, donde, al fin y al cabo, el problema no son los vicios ni las aberraciones.

 

En todo caso sigo sentado al lado de Cleo y la acompaño. Nada especial, solo compañía. Se levanta temprano, se baña, desayuna, lee el periódico y se sienta a dejar pasar el día. A veces llevan gente que canta, varios días a la semana hacen ejercicios, caminan por los alrededores, almuerzan, reciben visitas, ven televisión, van a misa.

 

También hay quietud y tiempo. ¿Por qué la humanidad le tiene tanto miedo al tiempo puro? Cuando somos niños siempre decíamos: “hagamos algo” y se queda como costumbre. Buscar un pasatiempo ¡Qué tragedia! A medida que se envejece se pueden hacer menos cosas físicas, por lo tanto, debemos cultivar el “hacer pasivo”. Lo más pasivo es la nada, pero es en ella donde se agazapa el miedo y el miedo al miedo.

 

Una opción es la meditación, pero no tiene nada de pasivo, sino que es de gran acción interior ¿Ponerse en blanco como un santón a orillas del Ganges? Requiere de mucha fuerza. Bueno, también se puede rezar el rosario, como hacen algunos presidiarios ilustres o cristianos de recias convicciones.

 

En fin, la pasividad es algo contradictorio, porque potencia para la acción. Puedo apostar que por esta razón el intercambio de disparos entre la policía y los celadores produjo ese júbilo incontenible en el ancianato. Contra lo que se podría ingenuamente pensar, ninguno tuvo miedo, sino que recogieron el asunto como lo que fue, un acontecer más, sin aspavientos ni quejas. De hecho, al día siguiente el cura dijo la misa en calzoncillos, cantando y gritando, con tal mística, que la espiritualidad se contagió a varias cuadras a la redonda, a la cuadrada y a la paralepípeda.

 

En todo caso, siento que a su lado el tiempo pasa bien y recojo el nombre ignorado de todas las cosas y vuelvo a mis negocios y tareas haciendo un espacio casi imperceptible para los júbilos que quieran pasar, como si fuera igual de importante lo que acontece y lo que no, lo que sabemos y lo que no. Como el universo, que dicen que es espacio y materia, pero no uno y otro, ni, tampoco, uno en el otro. Y tiendo entonces a creer que es mejor si la distancia se recorre lenta, físicamente, como se lo hace en bicicleta, conjunción de ingenio, mecánica y sencillez… casi sencillez, porque pocos la habrían inventado. Armoniza e invita a imaginar que aunque cada cosa puede tener un nombre, también es posible que no lo tenga e igual las podemos saborear, como esas plantas en una maceta, que crecen y se expanden desde antes de su bautizo y seguirán en silencio en nuestra presencia o si nos ausentamos.

 

Ya es el día siguiente y ahora no estoy viajando a en bicicleta ni a pie, sino en avión a propulsión a chorro, a 875 kilómetros por hora, es decir, a 14 kilómetros por minuto, a 233 metros por segundo. Como si de mi casa a la de Cleo me demorara 22 segundos, lo cual equivale a desintegrar el barrio, la avenida, las casas, la vista, todo. Sería casi como una transportación sin recorrido espacial, como una llamada por televisión, algo así.

 

Pero lo curioso es que a esta velocidad tan destemplada hago esto tan personalmente lento, y oigo risas de una familia grande aquí en la cafetería del aeropuerto de Cali (porque el viaje en avión propulsión a chorro es tan rápido que se da el lujo de incluir la estadía olorosa a cocina poco ventilada de un restaurantucho de aeropuerto) y mezclo mis pensamientos con el relato de la última novela que leí y vuelvo a New York y me veo tomándome un trago conceptual con mi amigo el pintor días antes de la maratón del año 99 ¡tan inútil y deliciosa!

 

En un rato llamaré a Cleo, a 1000 kilómetros, y sin espacio ni tiempo le contaré que dentro de 3 días le haré otra visita, no para hablar, sino para estar con ella dentro de los espacios lúcidos que permiten los tiroteos, tsunamis y velocidades incomprensibles que no afectan a las plantas cuyos nombres, ahora estoy seguro, no es necesario aprender.

 

FIN.

 

 

 

Testimonio

Posted in General on Diciembre 8th, 2011 by admin – Comments Off

Capítulo Primero (menos técnico que el siguiente)

 

Yo, inocente, caucásico, a good looking guy, no tenía idea de que en una sala de espera de un aeropuerto se pudieran reunir, sin cita ni acuerdo previo, cien agudos y, casi disimulados y disimuladores, observadores del comportamiento ajeno.

El uno miraba los zapatos del otro, éste escuchaba la conversación de la pareja, pero ella, a la vez que escuchaba, más con gesto que con palabras (diríase algo de si se puede escuchar con palabras, pero así es la vida) analizaba la mirada juzgadora de la señora esa con su maleta barata, pero, a su vez, claro, era observada intermitentemente por un muchacho más bien tranquilo pero, sin duda, un verdadero genio en el arte de escanear sin ser agresivo. No enumero, por respeto a ti, lector, todos los otros sutiles pero fuertes ejercicios de profundización en “el por qué del otro”, o en su familia, su desayuno, o riqueza, que tenían lugar en dicho recinto.

Como los observadores tienen por código no dejarse confrontar ritualmente y por eso retiran la mirada moviendo lenta pero oportunamente la cabeza cuando el otro intercepta su línea de vista, sucedió que, dado el ambiente de cámara[1] que imperaba en la susodicha sala de espera, todos empezaron a mover la cabeza y, sin que se pudiera decir que había conciencia colectiva (por lo menos no se lo podía decir en ese momento, sin que esto implique que la hubiera o no, sino que “no se lo podía decir”) todos, todos, evolucionaron en sus movimientos de cabeza, a un lado, al otro, arriba, abajo, en círculos, en triángulos, en octágonos y, aunque sea difícil de creer, incluso en formas mucho más evolucionadas y artísticas, pero sin llegar a ser sublimes, porque no eran fluidas, solo por eso. Lo hacían cada vez más rápido, tal como si se tratara de un gallinero, o en un gallinero, o como las gallinas de un gallinero.

Los movimientos de cabeza pronto fueron acompañados por gestos manuales estilo los de compresión, es decir, lentos y reposados, de cierta pesadez, de cierto aplanamiento, en fin, esa mano que se despega de la pierna, sin que la muñeca se separe del muslo, y que vuelve en un solo movimiento a quedar, como al inicio, en completo reposo.[2] De manera natural, no forzada, se incorporaron cruces y descruces de piernas, y, sin que se pueda definir un momento preciso, como sí se lo puede cuando entran, por ejemplo, los oboes al concierto, en respuesta iluminada, incomprensible, adamantina, tras la sugerencia perfecta del director, empezó a pergeñarse una sonrisa, esta sí colectiva, de esas que no muestran dientes.

Con la acentuación de los movimientos de cabeza, de las manos, de las piernas y, sí, con lo de la sonrisa, el ambiente se caldeó[3], es decir, adquirió una connotación visual y olorosa de gimnasio griego, a tal punto que casi que era evidente que los nombres a los que respondían estos observadores podrían ser Apolonio, Protágoras, Esquilo, Apulón, Adriadna,  Sócrates, Euclides, Tarso, Eurídices, Apolo, Príamo, Páris, Perseo, Artemisa, Aquiles, Mitro, Efigenio(a), Zeus, Sófocles y Agamenón.

Algunos se ponían de pie y otros se sentaban. Y uno, y dos, y tres, y cuatro, y cinco, y seis, y siete…

Pero, como era obligatorio disimular, se escuchaban comentarios, casi conversaciones, y risitas. Aquel sacó penilla y el de más allá se quitaba y se ponía la argolla de matrimonio.

Cuando llamaron a abordar todos coincidieron en que había que mirar hacia atrás y devolver el movimiento, pero sin abandonar los ya señalados movimientos en curso. Una señora cacareó y todos movieron la cabeza hacia adelante y hacia atrás mientras doblaban las piernas y caminaban como aves en tierra. Algunos picotearon, pero solo la señora que había cacareado puso un huevo y el ambiente de cámara se llenó de plumas.

 

Capítulo segundo

(más técnico que el anterior) narrado por Iioni Fraktlls, a quien encargué de estar atento y recibió testimonio del ingeniero de vuelo.

 

Al avión solo entraron gallinas y, dado que no estaba equipado para transportar aves, el piloto pidió un poco de paciencia e hizo llevar una cuadrilla de mecánicos para que quitaran las sillas y echaran algo de tierra fresca, de manera que el estiércol pudiera mezclarse sin demasiados contrastes.

Se retiraron las tapas de los compartimientos de maletas y en ellos se acomodaron casi todas las gallinas, pero las que no encontraron lugar se dedicaron a revolotear por el avión ensuciando a los mecánicos.

El piloto, el copiloto, la jefa de azafatas y yo, nos encerramos en la cabina y desde allí convencieron a tres mecánicos de buen talante, pero sin convicciones zoológicas, que sirvieran unos pasa bocas, dado que nadie discutía que todas y cada una había pagado por su tiquete.

Ya sin los asientos, las trescientas cincuenta gallinas estuvieron a sus anchas.[4] Algunas utilizaron el retrete para peinarse, pero casi todas prefirieron almorzar en la zona de pasajeros (retrete, peinarse, almorzar ¿tiene sentido? No lo sé, pero así fue[5])

Cuando el avión aterrizó y se cumplieron los procedimientos para el desembarque, hicieron una fila y fueron saliendo de manera sumamente ordenada, aunque prefirieron que no les colocaran las escaleras y optaron por un gracioso salto a tierra, todo lleno de aleteos y del ruido normal que hacen las gallinas vivas en estos eventos.

De hecho, se organizaron por orden alfabético y fueron entrando en parejas a los salones de inspección fitosanitaria, de los cuales salían evidentemente altivas y orgullosas. Se perfumaban como cualquier gallina en situación similar.

La cuestión de los taxis sí requirió de la intervención de la policía de puerto, porque, se sabe, si hay gremio discriminador, es el de los taxistas, especialmente los de origen famélico y los que gustan del sancocho, es decir, aquellos de los extremos.

Las autoridades aeroportuarias y los maleteros estuvieron muy atentos con lo del equipaje y, lo que más sorprendió, fueron realmente elocuentes en los consejos para el uso de los porta maletas.

A nadie se le ocurrió requisar debajo de las plumas, no fuera a haber quejas ante la prefectura animal, pero claro, no faltó quien relatara el hecho como un exceso, pues si la competencia contra quejas por maltrato animal la tiene dicha prefectura, nunca se ha interpretado que la competencia sea la misma si la queja va del animal a la prefectura.

Sobra pues afirmar, aunque, como se evidencia, lo hacemos, que todo salió bien en el sentido de los trámites de viaje, incluyendo la porción terrestre, aun con los pequeños cambios aquí narrados.

Habiendo partido los taxis, el comandante de la Aeronáutica, autoridad del área, concedió libre plática, si se me permite un término no exactamente logístico sino náutico-aduanero, para que una vez más una cuadrilla de mecánicos, con especialización en tornillería silletera, pero, también, con habilidades en limpieza de rila fresca, ordenara el avión.

Todo quedó bien, de forma coherente, se apreciará, con la manera civilizada como se trató, solventó, dirigió y manejó el asunto, maneras éstas no tan usuales en situaciones como la descrita, que pude presenciar por mi calidad de ingeniero de vuelo y no, ciertamente, como pasajero, condición en la cual quizá no lo habría creído. Por otra parte, esta condición laboral me limita para contarles lo que pudo haber pasado después del abordaje de los taxis, porque de eso en adelante no tengo información.

Coda: la edición de esta noticia no fue autorizada, razones tendría la censura, que siempre las tiene y buenas. No lo discutimos, pero, me pareció un exceso destruir esta nota que, por lo demás, tampoco es tan diferente de lo que todos solemos presenciar en los aeropuertos internacionales y, simplemente, va en la política de que es mejor que la verdad se cuente a que no. Se recomienda sí algo de mesura, como cuando se cata un vino.

Fin. 

 

 



[1] Debe aclararse que hay música de cámara, la aplicación quizá más conocida del concepto “cámara” dentro de estos contextos, pero también existen “ambientes de cámara” (Para una aproximación académica sobre el punto ver “Anotaciones Enciclopédicas sobre Cámara” de Henry Jártose Jr. Edit. Ikdlú, Buenos Aires. 2005

[2] Y si no hay reposo previo nada se puede en este aspecto

[3] Y no de caldo, caldero, ni de los asirio caldeos, sino como se entiende en su sentido natural y obvio en el texto que se pie pagina solo para abundar en transparencia.

[4] No tiene importancia alguna que al inicio del relata se haya dicho que en la sala de espera había cien observadores. El hecho es que al avión entraros trescientas cincuenta gallinas. Punto.

[5] Nota del autor, no del ingeniero

Diálogos de Cardiólogo

Posted in General on Septiembre 12th, 2011 by admin – Comments Off

Buenos Aires. Agosto 4 de 2.011

Los viajes deben abrir a la soledad y ésta a la libertad.

Desde la sabiduría del conferencista, Henry sentía que todo aquello era importante, muy importante, trascendente, muy trascendente, prácticamente un dechado maravilloso de cosas útiles y determinantes para la vida, la vida adecuada, la marcada por la nobleza y el donaire de las mentes claras.

Por supuesto, aquella catarata de conocimientos era tan profunda, tan clara, tan benefactora a su inteligencia, que le tranquilizaba y ese estado lo transfería a una actitud de observador agudo y sereno, tan sereno, que lo hacía levitar hacia unas lámparas grandes, doradas, elegantes, constituidas por una aglomeración transparente de lagrimas de cristal que conformaban una especie de cavidad no frutal, aunque similar a un corozo lúcido y serio, dentro del cual nacía el día y semejaba el sol como centro de un sistema, pequeño en términos siderales pero desbordante para los seres humanos, tan pequeños y pasajeros, tan transitorios, tan escasamente concretos.

De allí dio un salto reflexivo hacia la teoría de la cohesión de los vacíos estructurados a base de distancia entre materias aisladas, pero impermeables, como la piel, el cuero y, en general, las superficies de los seres vivos. ¿Qué es lo que la suma de los vacíos del universo no deja permear, no deja entrar? Los fluidos acuosos. No la humedad de las cremas, y menos, las de soluciones evaporables como el alcohol o las oleaginosas, materias que, está demostrado, penetran los espacios de la piel. Nunca ha sucedido que alguien se llene de agua por vía de contacto. De la misma forma, en consecuencia, y este es el gozne, la unión de este hecho demostrado con la realidad, que los espacios del universo no son llenados por el agua que los contiene.

Demostrado ya, que al universo, en cuanto sistema, no le entra agua, la pregunta obligada es: ¿y de donde sale la lluvia? Aquí debe hacerse una distinción: el agua que no entra al universo no es la misma sustancia que conforma lo que en este específico mundo se conoce como “agua”. Segundo, la sustancia acuosa es universo céntrica y autosuficiente y, por tanto, no se comparte con sustancias, geles, pomadas o, en general, aplicativos de naturaleza puntual y descentrada. Tercero, sentada la diferencia señalada, el agua que no entra al universo no es la misma, ni tiene parentesco, con la que llueve en el planeta tierra o la que subyace bajo estratos diversos en otros cuerpos celestes.

No obstante la física y férrea distinción, estas sustancias generan equilibrio de convivencia molecular. Porque teniendo lo externo un pequeño pariente en lo interno, no pretende hacerle daño y, en contraposición o contraprestación, lo interno, el quantum acuoso del sistema solar, es hidrogeno 2 y oxigeno 1, y no quiere, no pretende, conocer, abordar, llegar, a su pariente, tutor, padre, y horizonte de regulación, sino que simplemente se siente cómodo, y se amolda, presintiendo , por lo demás, y permítanme esta digresión, lo que Pewtrrgrontw ha llamado, según traducción libre: una adecuada y equilibrada convivencia.

El sueño, tanto el mortal como el eterno, es delicioso y su análisis constituye un signo, un símbolo, un rescate de valía, de valor.

Pero, resultó que a la media noche había demasiado calor. Bebió agua de un vaso puesto en la mesita de noche, la cual era evidente que había sido instalada cuando terminaron las conferencias. También estaban allí las llaves del salón.

¿Por qué nadie hablaba? ¿Por qué no había nadie en ese enorme salón presidido por tan bárbaro equipaje de lágrimas de cristal?

Recordaba los principios jurídicos tutelares, la aplicación práctica del sistema de solución de controversias y una mejora sustancial en algunos conceptos impresos en diapositivas, pero, además, tenía la sensación borrascosa de un sueño pesadísimo, violento, casi torvo, y no entendía cómo podía estar solo, cubierto por una frazada y con una almohada, una lamparita, un libro, una mesa con comida y un digestivo. No recordaba haberse emborrachado, ni de saludos o despedidas. Todos se fueron, se dijo, “pero sé donde estoy”.

Por lo tanto, continuó durmiendo plácidamente. “Pero me despertaron a las dos de la mañana para tomar el taxi que me llevaría al aeropuerto.”

¿Y los otros días? ¿Qué se hicieron los otros días? Preguntó.
Tomo la palabra. Puedo estar en precarias condiciones pero no permito ser narrado. Ahora soy yo quien se comunica y quiere respuestas.

- Nada, ha dormido usted muy bien
- - ¿Y mi hotel?
- - Nada, se dio el aviso y se le comunicó a su mujer, en Colombia, que usted quería seguir durmiendo.
- - Y la seguridad jurídica?
- - preservada.
- - ¿y la el principio del non bin in idem?
- - preservado
- - ¡Puedo tomar una ducha?
- - Si, si, siga usted, se le ha asignado el baño de la servidumbre.
- - Muy amables.

Salí pues muy bañado y afeitado y tomé el taxi.

Cuando llegué nuevamente a mi ciudad de origen continué mis actividades normales y volví a ver a los colegas que asistieron conmigo a tan importante evento, pero nunca he tenido oportunidad de preguntarles por lo sucedido, ni ellos han tocado el tema.

Bueno, todo puede suceder, y sucedió específicamente, en el viaje. Es la manera que los viajes abren a la soledad y constituye el precio de asomarse a la libertad.

mUcHos AcOnTeCiMiEnToS ATROPELLADOS

Posted in Cuentos on Abril 25th, 2011 by admin – Comments Off

Muchos acontecimientos atropellados.

 

El nombre de las cosas puede ser producto de simples acomodos para abreviar. Por ejemplo, las “flexiones invertidas” no son un mecanismo bursátil, ni una forma de forward, ni, tampoco, son realmente invertidas, sino que como se hacen parándose en la manos contra la pared, pues el nombre es sugestivo y aceptado.

En el “Gran Gatsby” (quizá no en el libro, pero en la película sí, aunque ésta es muy parecida al libro en todo y especialmente se destaca que la narración es de una sucesión temporal exacta  a la del libro) hay una corta escena de entrenamiento con florete que me recordó la vieja cinta sobre el “Toque de …”

Aun siendo jueves santo, día de celebración católica del calvario de Jesús, llegó el periódico y, sin verlo, digo y establezco apresuradamente, mas no sin reflexión, que es una solemne estupidez salir con que “hoy hace 2.000 años fue crucificado El Nazareno.”

Psicológicamente ya se acabó el primer trimestre del año y todos hemos acordado que debe haber un descanso, una reflexión. Se siente, no cabe duda, pero siempre hay tareas pendientes.

“El Gran Gatsby” genera múltiples inquietudes. Es una obra maestra de síntesis. Solo se narran los hechos básicos que sacan a flote profundas situaciones del alma humana. Un mafioso bueno, que no admite ser un estafador menor, que lo único que quiere en la vida es alcanzar el corazón de su chica, que lo “tuvo” que dejar plantado por pobre. No importa el origen de su fortuna, simplemente el amor es el fondo de la trama. Los ricos, por su parte, no demuestran personalmente valor alguno digno de compararse con la determinación y honesta claridad personal y espiritual de Gatsby. La vida, con independencia de “buenos” y “malos” está llena de grises indeterminados.

Por otra parte y más en relación con el día de hoy que con cualquier otra cosa, salvo una conversación de negocios (o en la que se habló del negocio) al calor de dos Dry Martini, de los que pedía y nunca se alcanzaba a tomar completo James Bond, se entiende que espiritualidad no es lo mismo que religión, aunque ésta pertenezca al género de aquella.

Gatsby está enamorado de Daysi y no le importa que ella sea superficial y niñita rica. Simplemente es el amor de su vida. Fue Haruki Murakami, el escritor que trota, antes de subir al cadalso, quien con la mirada perdida en el horizonte y oliendo sus propias heridas, me recomendó su lectura. Lo ejecutaron por el dudoso crimen de combinar la constancia con la disciplina y no ser especialmente rico. El gobernador no quiso firmar, aunque la había mandado redactar, la resolución de perdón.

Lo que sucedió entre la conversación de negocios de ayer y el momento de este registro es lo que genera el suspenso de este relato y, para mantenerlo y solucionarlo debemos ser cuidadosos, muy cuidadosos. ¿Cuánto dinero se requiere par lograrlo todo? ¿Hay elementos de “El Conde de Montecristo” en “El Gran Gatsby”? ¿Y de ésta en Forrest Gump? Me parece que sí hay, pero, la verdad, poco importa. Cada una tiene lo suyo. No hay plagio.

Avancemos. Ayer, y los días precedentes, han sido excesivamente lluviosos. De hecho las inundaciones cubren la Sabana de Bogotá y  todo el país. Estamos aterrorizados. Nadie sale a la calle ni pierde de vista el salvavidas. El mal genio, el ruido de las gotas al caer, todo, todo es desesperante y se ha extendido; la comida ha sido reemplazada por una sustancia que llega con la luz eléctrica que, por ahora, no parece haber signos de que sea suspendida. Pero la piel se reseca y aparecen lagartijas, cuya argamasa después de un pisotón sirve para resanar paredes ¡¿pero en estos caos quien se dedicaría a eso?!

Por eso, la noche no fue propicia para dormir y me mantuve vigilante, alerta, sintonizado, oscuro, como los gnomos guerreros que comandó Estanislao Euclides contra Parsifal El Magnífico. Cuando baja la adrenalina, porque es “época de descanso” se abren boquetes en las neuronas y la estructura se resquebraja, lo cual es aprovechado, no siempre, pero sí ahora, por las ignorancias, que gustan de hacerse protagonistas e intentar tomar posesión, cual hackers espirituales, o como demonios según ciertas creencias. Lo cierto es que en la noche bajaron del escritorio, del computador, salieron de algunos libros, vinieron galopando desde hojas de cálculo en Excel, desde conocimientos acumulados por siglo y siglos, o incluso de revistas comunes, ni siquiera de las especializadas, aunque también de ellas, y, por supuesto, de las ciencias matemáticas y de aquellas como la física.

Se formaron militarmente, lo cual devela una organización militar y militante, algo pre meditado, diría Cortázar. Se sucedieron los himnos, la caravana, los cánticos, las arengas y los gritos de guerra espontáneos según el origen regional y sociocultural de cada grupo de ignorancias. Se pusieron las máscaras y diseñaron un plan moderno y tecnológico ¿cómo podría haber sido de otra manera? Allí mismo, en el suelo, desplegaron mapas, seguetas, compases, reglas de cálculo, y llegaron incluso a armar pequeñas pero precisas maquetas de todo el cableado y de los nódulos que utilizarían. Hicieron ensayos con explosivos y todo eso. No hubo ladridos, nadie salió, pero ni siquiera un borracho que recogiera el revolver, dos pesos, y cantara. Nada, porque estábamos aterrorizados.

Mientras tanto yo estaba acostado, dormido por fuera pero despierto por dentro. Hace días no puedo trotar debido a una lesión muscular en la pantorrilla y estoy deprimido al menudeo, nada especial, nada anormal, simplemente un estado de desventaja frente a cualquier ataque de dimensiones tan radicales como el que he mencionado. Se las arreglaron para meterse en los teléfonos, especialmente en el  3456781 y, más específicamente, en el número 8, que, como se sabe, nunca descansa y puede llegar a tener compañeros más que infinitos. Imaginaos un 888.888.888.888.888 a la 1.000 potencia con un resultado que se aproxime a la cifra más cercana que esté constituida solo por 8s. Ya varios comandos instalados en los teléfonos, hicieron señales a los batallones de infantería y estos se acomodaron en las ondas hertzianas y lanzaron un primer asalto al cerebro.

La primera batalla en forma fue contra conceptos relativamente antiguos, diga usted, contra el esfero, invento tan o más viejo que yo. Esto es relevante. Por lo tanto, lo secuestraron y dejaron una nota poniéndole precio a su infamia. La negociación fue ardua y me vi precisado a entregarles varios kilos de maldiciones, los cuales devoraron en forma de sánduches con pan que tomaron de la nevera, en la cocina.

Pero, lo que son los sucesos reales, verdaderos, las ignorancias se indigestaron y tuvieron que ponerse a cagar en el sub mundo de la electrónica y, como es natural, se quedaron dormidas, que en toda batalla siempre hay una oportunidad para el enemigo.

En ese momento los conocimientos entraron en la escaramuza, porque semiología aparte, el asunto no había llegado a los verdaderos niveles de una batalla, batalla y se metieron por los enchufes del cuarto y se electrocutaron para bloquear la fuente de energía del televisor. De esta forma y sin que se tenga noticia de los comandos que estaban en el teléfono, y no se tendrá, la batalla quedó en tablas.

Sin embargo, es mejor no hacer pronósticos, porque las ignorancias solo quedaron dormidas y, en cambio, los conocimientos fueron electrocutados. No se si muertos, pero, electrocutados, que sea lo que sea, pareciera implicar más que dormidos.

¡Lo que es la vida! Las que salieron de cacería fueron las obsesiones monocordes, acompañadas de largos memoriales jubilosos y jurídicos, baratos, rococó, escasos, singulares. Llegaron en una volqueta con politiqueros de la zona norte del barrio y antes de apagar el motor lo fundieron manteniendo el acelerador a fondo durante una hora y veinte minutos, mientras los cables del computador, de la CPU, de la CTC, de la KGB, la pantalla, el ratón, el Reuter, la impresora uno, la impresora 2, los que unen cada sub equipo con otro y hasta los de extensión, aplaudían e invitaban a que los utilizaran como cuerda de ahorcamiento.

¡AAJJHHHK!     

 

El sociólogo

Posted in General on Abril 25th, 2011 by admin – Comments Off

El Sociólogo.

Ayer me lo encontré jugando ajedrez contra Casparomán, lugarteniente  del Gardenio, personajes de los cuales nada se dirá en este relato porque debemos concentrarnos en otros sucesos de mayor valía y mejor contar.

Después de maldecir cortésmente contra el ajedrez y pedir otra ronda de cerveza, siendo las 6pm, una hora antes de mi compromiso académico, dijo El Sociólogo que “Bogotá ya tiene masa crítica suficiente para progresar. Hay una gran cantidad de personas que se sienten valiosas y creen que están saliendo adelante. El índice de senso felicidad es altísimo en estas tierras, lean las encuestas”

“El transmilenio, casi metro, ve usted varias clases de estratos sociales, que no todos, debe aclararse, porque hay quien pertenece al suyo propio y esto ha de respetarse, pero, ve usted de todo. El uno con paraguas, artefacto en manera alguna estatutario, pero que tiene lo suyo aunque se venda en las esquinas multitudinarias, el otro, u otros, muchos, con su teléfono celular y corbata limpia.”

“El que se traslada en buses de servicio público y lo hace como observador atento, lo cual comporta tener lo que ello implica[1], requiere temperamento, naturaleza y convicción. No se vale mirar fijamente a los ojos, ni, menos, hacerse notorio en la tarea, aunque, bien es sabido, otro observador profesional nos pueda detectar con facilidad.”

“En fin, mirada escáner: zoom, zoom, de un lado a otro, atención adecuada a los detalles que en realidad no lo son, sino entidades propias, incluyendo los zapatos. Un observador determina en uno o dos minutos si el observado lleva la vestimenta por razones económicas, por moda, por ejercicio profesional, por ser oficiante de rituales, por virtud, parquedad, ignorancia, tosquedad innata, por descuido, presunción, o, incluso, porque se le da la gana.”

“Establece la capacidad económica del sujeto (a), el cargo, remuneración, aspiraciones y, por supuesto, si se peina con gomina. El sector de la ciudad donde vive, el sector donde tiene amigos y al que acude los domingos, sea de paseo, deporte, entretención o fisioterapia.”

“Armas de fuego no se suelen llevar en lo buses “Trasmilenio”, pero si corto punzantes, yo prefiero la “pata de cabra”, ustedes saben que no nací sociólogo y costumbre es costumbre; los machetes son escasísimos y solo se les toleran a quien sea, de verdad, verdad, campesino en actitud y atavío…sin olvidar la mirada.”

“El observador, como es elemental, no solo ve sino que escucha y huele, aunque de esto último no nos ocuparemos ahora, dada la pulcritud casi aséptica que domina nuestras tendencias estéticas y, además, porque por ahora no tenemos pretensiones médicas o químicas. Que perfumes los hay muchos, pero, como las ya mencionadas armas de fuego, suelen pertenecer a otros ejercicios de movilidad o prácticas de transporte, quizá al canotaje. Pero, en fin, el observador por esta vía ¡increíble! establece el valor del aparato celular, el plan de pagos, la clase de clientes, patrones o empleados con los que se comunica y de los que vive el observado (a) y si éstos le caen bien, si les adeuda o le deben dinero, si hay envidia unilateral o doble, odio, desprecio, amor o indiferencia.”

“Se establece muy rápido, sin que se requiera evidencia o testificación, si el observado lleva pañuelo o papel de labor en ese preciso instante. Virginidad, tendencia sexual, hobbies y obsesiones van de calle porque pertenecen a Observación Uno. Reloj, cordones de zapato, bisutería, carranchín, carate o sobajina se dejan, por diversión, para la conclusión.”

“No es, sin embargo, una función fácil o de autosatisfacción, no genera felicidad, no es noticiosa y tampoco, dentro de sus estándares usuales, tiene componentes tecnológicos, aunque se han visto casos de grabaciones pépticas, cámaras ocultas o inyecciones para la memoria.”

“La actitud debe ser reposada, alerta, pero responder, y, se admite como defensa aquello de la sonrisita media, la insinuación, el rictus, el angelismo[2] o apoyarse en el paraguas, a las reglas básicas del buen compartir; recurso fácil  es aparentar escribir o recordar algo, como si no se perteneciera al vagón, bus, tren o cortejo.”

 

“Se trata, más que de un pasatiempo, de una responsabilidad de origen aristocrático que se recupera en estos días de un bajón cultural, de una, diríase, decadencia por universalización, tal como el sufragio universal, de lo cual, por tanto, no hay nada que decir, ni del sufragio ni de lo que hemos explicado tan satisfactoriamente. Pero, ha renacido con sus propias reglas, de suyo contemporáneas.”

 

 El abogado.

Llega de regreso a la oficina, 11pm, turno nocturno, como es obvio, paga al taxista, se despide, si despedirse es de un taxista al que no se conoce y se desconfía, como en general, que no de ese específicamente, padre de familia y charlador de trivialidades y emisor de quejas aunque reconoce que contra el invierno nadie puede, entra al edificio (el abogado, no Pedro Navaja) y en el vestíbulo, cosas reflejas, toca el bolsillo interno del vestido y echa de menos su billetera ¡se quedó en el taxi la muy puta!

Si hay un instinto de culebra en el hipotálamo y se sabe que no hay certeza de lo uno ni de lo otro, ese fue el que se activó en defensa de la vida. Porque nadie sobrevive hoy día sin “papeles”, que la plata bien puede perderse que para eso están las imprecaciones, pero, los papeles ¡madre mía! “Pobre de aquel desgraciado que en pecado y sin papeles se enfrente a su destino, más le valiera no haber nacido”[3]

“Llovía, y como aún no había terminado de sacudir el paraguas, corrí en busca del taxi con el paraguas abierto, haciendo aspavientos a todos los vehículos de servicio público que consideré podían ser el que me llevó hasta la oficina, los cuales esperaban el cambio a verde del semáforo de dos cuadras más adelante. Un ventarrón húmedo y frío me hizo elevarme 3, 4, hasta 7 metros, hasta que el paraguas se volteó y dejó de ejercer su función de parapente, pero cuando faltaban 10 centímetros para estrellarme contra el suelo cambió el viento y un sacudón inverosímil me elevó nuevamente ahora a favor de mi destino. Cuando aterricé al taxi se subía una señora, ladrona ella o por lo menos necesitada de dinero.

 “Ambos aceleramos, que ya yo había cerrado el paraguas y corría como un guepardo o una víbora, quizá como esta última pues ya he dicho que iba bajo instinto de culebra, y el taxista, pero no sé si con intenciones evasoras o para cumplir con el mandato que de seguro ya habría recibido de la bruja. Me acordé de la lesión muscular que me aquejaba ese día pero no se avivó, simplemente corría detrás del taxi como en las películas. El siguiente semáforo estaba a 5 cuadras, pero no me distancié demasiado, porque la velocidad automotor promedio de Bogotá es baja. En una curva derrapé peligrosamente pero recuperé el control al unísono de tres seguidores que ahora me colaboraban. Daniel Pelechá, corredor egregio de 1500 metros planos, la señora Clorvedela París (vendedora de dulces y con pollera a lo peruano) y don Arnulfo Briseño (nombre de cantante) en un carro de balineras. Ellos no me dejaban derrapar en las curvas y poco a poco, en relevos, cortábamos el viento y nos organizamos, para cada 15 minutos de feroz persecución, por turnos, recoger piedras y lanzárselas al taxi.

No tardaron las fuerzas del transporte en organizarse y nos abrían las puertas para empujarnos y la bruja pasajera hacía gestos desagradables y había sacado su escoba de bruja y la blandía cual espadachín iracundo.  Pero entonces se nos unieron 14 malabaristas con machetes de plástico y calzoncillos rojos y entre todos neutralizábamos las cerradas de los taxistas y finalmente aparecieron 50 patinadores, 25 a favor y 25 en contra, pero los profesionales del volante se confundieron e hicieron un giro desesperado hacia el norte, volviendo la batalla a terreno familiar. Di la orden de armar un comando suicida para que sellaran la retirada por La Paralela con 105, de manera que toda la barahúnda tuviera que aplicar los frenos. Cuatro valientes se colgaron de las puertas traseras y neutralizaron a la bruja y 16 patinadores lograron enlazar al taxista con una soga durísima que lo hizo sangrar, pero era fuerte el hombre y no quería parar, pero el vehículo se le salía de control y allí, en ese instante, lúcido, claro, contra el azul del cielo, porque hacía una hora que había escampado y 2 que había amanecido, rompí el vidrio delantero, tomé la billetera y escuché al taxista que decía agónico: “cuente y verá que está completo y sus papeles en orden.” Le agradecí infinitamente, di orden de soltarlo y de devolver la escoba a la bruja que sonreía amable y contradictoria.

La comitiva formó de 4 en fondo y gritamos y aplaudimos y cada uno (a) volvió a sus quehaceres.

Nunca podré olvidar este día. Llamé al sociólogo y me dijo cuando acabé el relato: “por eso le digo que en Bogotá ya contamos con masa crítica”.

 

FIN.

 

  

 


[1]“What it takes” dicen los estadounidenses.

[2]Dícese de aquello cuya humanidad pareciera pagar leasing a un licenciador de otros cielos.

[3]San Marcos, 3.4, 7,8

Cuidar el lenguaje

Posted in Cuentos on Diciembre 14th, 2010 by admin – Comments Off

Un rayo de luz

 

Al señor presidente de la Royal Enterprice Executive Quemical and Research  -REQUIR- se le antojó por un instante que ese rayo de luz que destacaba la taza de café le concedía una licencia, una posibilidad, única e infantil quizá, de jugar al escritor. Así, mientras llegaba el señor jefe del sindicato, se vio a sí mismo relajado y abstraído haciendo una lista de “algo”, tal como había hecho uno de los literatos que participó en el foro del fin de semana, al que había asistido como cabeza del grupo empresarial cuya primera silla ocupaba desde hacía unos 10 años y desde la cual había desarrollado una labor que no solo lo enorgullecía y remuneraba, sino que lo había hecho ganar ya en dos ocasiones el premio como ejecutivo del año y más que duplicar las expectativas de la junta directiva. Era todo un personaje, con entrada a los clubes de la capital y acceso a las fuentes primarias del poder político, a través de una compleja y bien diseñada red de juntas, observatorios sociales, fundaciones para el bienestar de los más necesitados, institutos tecnológicos de capacitación, etc.

Cuando el señor director del sindicato le entregó la propuesta de “Cinco Pensamientos” para la página editorial del reciente pero exitoso diario inter compañías, al cual el sindicato había dedicado sus mejores esfuerzos, la taza de café se volcó y varios papeles sobre el escritorio quedaron empapados. La enérgica confusión que siguió, pequeña ella en términos macro, pero grande como anécdota empresarial, implicó recoger y sacudir varios documentos y colocarlos con cierta dignidad, acéptese la expresión, en un sitio despejado y seco del escritorio, que, para este y otros efectos resultaba espacioso, grande, generoso, casi una muestra de poder para cualquiera de los hombres de negocios a los que calculadamente a veces se les recibía en esa oficina.

Siguieron algunas risas, quedas, claro, como imponía la situación y, tras llamar a la señorita Marta, recuperar el café del señor presidente y servir el propio al jefe del sindicato, siguieron 20 minutos de diálogo cordial, que los tiempos eran buenos, gracias, quien lo dudaba, a las iniciativas, liderazgo, excelente sentido común y vastos conocimientos en variables económicas  y empresariales del señor presidente.

-Don Hernando, cuente usted siempre con la indeclinable voluntad de colaboración de este grupo y, específicamente de esta empresa y su junta directiva. Aquí le entrego, tal como le prometí, esta notica para que por favor la entienda como un mensaje en el que he recogido mi visión y las claves para el mejor ejercicio de la libertad individual, dentro de cauces estructurales y, claro, respondiendo a nuestros más depurados criterios de planeación moderna, enfocada a la calidad total, la cual, usted lo sabe, ha sido una de mis obsesivas y más preciadas metas, avalada por los diversos foros internos y de asesores externos de gran calidad moral y profesional. Por favor, no se ocupe de corregirla, que yo asumiré personalmente los errores, al paso que repartiré sus bondades entre mis colaboradores, como debe ser.

-Muchas gracias señor presidente. De más está expresarle el reconocimiento y agradecida voluntad del comité editorial, que, como usted mismo ha contribuido a estructurar, está constituido por gente joven y estudiosa.

 

Esa tarde, en la reunión preparatoria de la asamblea general, el señor presidente se encontró, como era usual, con los principales accionistas, es decir, los de la junta directiva, y, aunque no fue el tema central, sí se mencionó el buen momento que estaba pasando la empresa en materia sindical.

-Señor presidente, de seguro ha sido su rigurosa preparación en administración de empresas y sus conceptos tutelares, a la par con su estilo descomplicado y el llamar las cosas por su nombre, lo que más ha generado ambiente de concordia y, por supuesto, las excelentes cifras de este grupo empresarial

-Gracias doctor Azambra, me compromete usted y, créame, es mi aspiración personal y ferviente deseo, doblar o triplicar estas modestas ejecutorias y, por supuesto, mantener la empresa y el sindicato como socios inseparables. A propósito, le ruego leer, el día de la asamblea, un pequeño editorial que he aportado al periódico del sindicato, que será objeto de su cuarta entrega ese día. En él propongo un par de ideas, profundas, pero en lenguaje directo, para que el trabajador se sienta y sea creativo, libre, parte y alma de la empresa.

—————-0———–

 

-¡Hola doctor! Qué milagro de verlo por aquí tan livianito a estas horas del día.

-Siéntese hombre. ¿Le puedo invitar a un café tinto?

-Claro, claro.

-Estaba por llamarte ¿todavía estás en lo del comercio exterior?

-Sí, sí, ahí vamos.

-Es que tengo un proyecto de investigación, asesoría y capacitación. Estoy pensando que en este último campo me podrías dar una manito.

-Bueno, presidente…

-No, ya no es necesario el título…

-Para mí siempre lo será.

-Bueno, en todo caso, como de seguro ya lo sabes, hubo un pequeño, bueno, un incidente, en la última asamblea de REQUIR y, bueno, además del tema de investigación, me gustaría que alguien de tu oficina le echara una mirada a este acta de la asamblea, a ver si con base en ella quizá sea posible solicitar, no sé, un arreglo, o algo.

-¿Una demanda de reintegro e indemnización?

-No estoy seguro, pero me gustaría que le echaras una mirada. 

 

—————0———-

 

6. Proposiciones y varios.

El doctor Azambra manifestó que muy a su pesar y en contravía de algunas voces que ya había escuchado en contrario, le parecía su deber traer a la asamblea lo publicado por el diario de la empresa.

La doctora Gómez De La Pocha expresó que no veía relación alguna entre lo que pudiera haberse escrito por alguno de los ejecutivos de la empresa y los quehaceres de la asamblea general.

El doctor Azambra replicó que lamentaba contradecirla en público, pero que lo aparecido en el periódico del sindicato de la empresa no solo concernía a la asamblea, sino que se trataba de algo que era la empresa misma, en la medida que lo escrito estaba firmado por su representante legal.

Don Eustacio Angarita interpeló diciendo que, sea lo que fuere que se hubiera escrito, que no lo había leído todavía, eso estaría amparado por la libertad de prensa.

El doctor Azambra reviró que una cosa es la libertad de prensa en términos democráticos y muy otra la responsabilidad con las buenas maneras y con la lealtad que los ejecutivos de una firma deben a la misma.

La señora Te Hill Ha dijo que en nombre de los accionistas de la República de China estaba en total acuerdo con el doctor Azambra y, por lo tanto, pedía que si un ejecutivo había comprometido el buen nombre de la empresa debía responder con su patrimonio.

Don Rafael Guasca Ciba hizo una presentación desde la fundación de la empresa, la creación del grupo empresarial, la internacionalización de las compañías, la creación de filiales en el exterior, la adopción del código de buen gobierno y la adopción, por unanimidad, de la visión, código de ética, y humanización integral de los empleados y que, por tanto, solicitaba muy respetuosamente que se juzgara lo sucedido dentro de esos claros parámetros conductuales.

Don Jeremías Belan Andrade dijo que, primero, le parecía un poco exagerado hablar en estos momentos de juicios, pues eso no formaba parte ni de la tradición, ni de los estatutos del grupo. Segundo, que internacionalmente un incidente como éste no habría pasado de uno o dos comentarios en el baño turco del club social. Tercero, que no veía cómo lo publicado podría poner en peligro el buen nombre de la empresa y, cuarto, que no entendía la comparación con las empresas chinas, en las cuales ni siquiera se permiten periódicos al sindicato, si es que existen.

La señora Te Hill Ha rechazó lo que consideró una verdadera falta contra las maneras diplomáticas y que ella siempre ha sido muy respetuosa de los símbolos patrios colombianos y que lejos de ella está poner en peligro la cordialidad y buenas maneras.

La señora Gómez De La Pocha dijo que ahí sí se moría de la pena, pero que no admitía que ahora esto se convierta en un asunto diplomático con la China que, como país, no tiene velas en este entierro, o que si era que en la publicación se habían utilizado términos desobligantes contra las empresas de accionistas de ese país.

Don Jeremías Belan Andrade solicitó volver al diálogo y centrarse en el asunto objeto de proposición y vario por parte del socio doctor Azambra y le pidió, respetuosamente, que manifestara cuál, en concreto, era su petición.

El doctor Azambra djjo que él no tenía por qué necesariamente hacer una petición, sino que creía que lo publicado debía ser entendido y valorado en plenitud por los honorables miembros de la asamblea.  

Don Rafael Guasca Ciba expresó que en su modesto parecer la descomposición del lenguaje y el estilo pendenciero que se estaba imponiendo en la asamblea era una prueba evidente de hasta donde pueden llegar las cosas cuando no se tienen unos valores prístinos y predecibles para el análisis de lo que manifiestan los directivos, más cuando lo hacen en un medio que no es totalmente libre, sino que se enmarca como un medio de interacción entre el sindicato y la empresa. Añadió que con independencia del contenido de la publicación, que le parecía en esencia torpe e infantil, la utilización de lenguaje coprológico no hacía sino ensuciar el buen nombre y el valor moral de las acciones de esta actividad que, para él y otros fundadores, que estaba seguro lo acompañaban en esta queja, era mucho más que una empresa comercial, sino una propuesta de vida ni siquiera para un logro dinerario, sino para toda una estirpe de familias y gentes de bien. 

Don Eustacio Angarita comunicó que durante el debate acababa de leer el editorial objeto de análisis y que en el mundo actual la utilización de una palabra fuerte no podía considerarse como insulto empresarial ni como falta de respeto, primero, porque su utilización no había sido hecha con tono o intención insultante y, además, porque se trata de una palabra castiza como la que más, porque está escrita en “El Quijote” de Cervantes, fue pronunciada por Cambronne en Waterloo y, además, es una palabra con la que termina “El Coronel no Tiene quien le Escriba”, del nobel Gabriel García Márquez, al que no le hubieran concedido tan destacada condecoración si se le hubiera encontrado falta contra el buen decir o si con ella hubiera insultado a la Academia Sueca de la lengua.

El doctor Azambra manifestó que no se trataba de que ahora tuvieran que ponerse a leer “El Quijote” o a desentrañar sucesos históricos, pero que él no creía que la palabra hubiera sido utilizada en “El Quijote”, que si acaso en obras más bien modernas pero sin relevancia y que si se trataba de escritores como el citado o de García Márquez, aunque hubiera ganado un nobel, todo el mundo sabía que eso fue por palancas políticas, sin que, en todo caso, se lo hubieran dado por “El Coronel no Tiene quien le Escriba”, sino por “Cien Años de Soledad”.

La doctora Gómez De La Pocha dijo que sentía mucho que fuera ella, como mujer, quien debía aclararle al doctor Azambra  que las palabras no son ni buenas ni malas por sí mismas y que, en todo caso, el editorial que los ocupaba podía ser entendido como un llamado a una manera de ser empresarial más libre, menos sometida a reglas formales y sí a unas más encaminadas a la verdadera creación, sin tanta academia o adjetivos.

Don Rafael Guasca Ciba opinó que el debate no tenía por qué volverse semántico sino que, insistía, debía ubicarse dentro de un contexto de honor y buenas prácticas empresariales.

El doctor Locra Carlé expresó que todo el caso debería archivarse inmediatamente y que se debía permitir, o mejor, conceder el uso de la palabra, al señor presidente para que aclarara de una vez por todas el asunto.

-El doctor Azambra manifestó que si se llegaba a acceder a esa petición él se retiraría del recinto para ponerse a salvo de una contaminación.

- Don Jeremías Belan Andrade dijo que, con el debido respeto por sus colegas y socios, lo que acababa de manifestar el doctor Azambra sí le parecía ofensivo y agresivo

- La señora Te Hill Ha dijo que antes de darle la palabra al señor presidente se leyera el editorial

- Don Rafael Guasca Ciba manifestó que eso no tenía sentido, porque ya había suficiente ilustración sobre el asunto como para venir ahora a hacer la exaltación de la porquería y la patanería.

Don Camilo Monseñor Bigleager expresó que por más de que ahora trataran de darle a esto una connotación de “editorial” la verdad era que se estaba haciendo un juicio sobre un alto ejecutivo de la empresa, el cual, con un comportamiento suyo, había ofendido la sensibilidad de algunos socios respetables.

Don Clemente Forero Lédor recriminó exclamando que en la asamblea no se podía pretender que unos socios eran respetables y otros no y que, por tanto, solicitaba al socio que definiera a quien se estaba refiriendo bajo ese eufemismo.

Don Camilo Monseñor Bigleager dijo que eso era un perfecto ejemplo de cómo no entender o no querer entender las cosas, para evadir los debates en justicia y que al buen entendedor pocas palabras.

El doctor Cito Calvete Parra llamó al orden y solicitó que si era necesario se disolvía la asamblea, pero que los socios debían entender con claridad dónde se encontraban y proceder en consecuencia.

 

 

—————–0—————-

-¿Y cómo terminó el asunto?

-Antes de que se sometiera a votación renuncié irrevocablemente y el doctor Azambra hizo que me la aceptaran.

-¿y qué fue lo que se publicó?

-No, no vale la pena, más bien te llamo en estos días para que hablemos de lo que te comenté.

-Bueno doctor, ha sido un placer haberlo saludado.

……..0…..

Nota de pie de página.[1]


[1] El Comité Editorial, en contra del autor, ha decidido informar sobre el contenido del editorial que escribió el presidente de REQUIR, aunque, se aclara, esto no forma parte del supuesto cuento que se deja incluido en este blog, o página. Porque la literatura moderna exige glasnot.

Un poema extraordianrio, tocado de genialidad

Posted in General on Noviembre 19th, 2010 by admin – Comments Off

Homenaje al aguacero no caído.

 

Pérfidas nubes cubren lúgubres la tarde, se arremolina la turba bípeda e implume, acéfala, catatónica, ansiosa de estar seca, cual gallina que empolla caliente bajo el sieso.

Se pertrechan con amuletos o gabardinas, gritan elocuentes los que umbrella venden, retozan los batracios repelentes y fuman equívocos chicotes.

Tuercen los juristas a oficina, claman por el expediente y dicterios al juez le disparan. Pierde el que se apabulla y grazna el analítico más anacoluto que docto de la marimba.

Vienen los hórridos truenos, se encoge el de solapa corta, pero goza el que a depresión receta aunque el chorro gélido medio cuello le enhebre la gota en frío.

Recula la multitud, danza la gleba, acelera el zopenco, camufla el aguacero.

Abre el mamotreto, busca el inciso, despliega analítica camorra.

Llama al banquero, la cita confirma, tirita en el camino, calcula su decir.

Amplio el salón, gentil la espera. Adentro el gesto indica de la señorita la objetiva mano.

Ni un tinto apalanca, que el tiempo vale. Me siento en oscura silla, comienza la digestión. Que los intereses y las opciones devalúan la deuda soberana. Hago mi pedido y todo es negación.

Pero explota su barriga y salpica hasta la ventana. Que se le reventó la morrana. Qué suceso tan atrabiliario, nunca vieron mis ojos cosa igual.

Pido permiso y salgo ecuménico, abro la ventana, planean lo chulos, habrá función.

Todo por el aguacero, atacan las bacterias, estornuda infame, la tarde se acabó.  

Epílogo en el césped, el cucarrón boñiguero hace su debut. Ya nadie sacude el buen decir, todo es arrumaco de mesón o cantina y empujón.

Cierro el expediente, subrayo la oración, lo importante no irá al cajón, lo dejo como siguiente. No hubo utilidades pero el gerente se reventó.

Para mi es suficiente, no usé mi sombrero, es un aliciente porque no soy un borrego.

Es una pena terminar de esta manera, pero es viernes y lo que pintaba para elegía terminó como ramera mendicante lavándose la crica en pasaje de atracción.

Ojalá no le pase que se encuentre entremezclado sobándole el cutis a un resbalón. Porque zumba la matraca y en la setenta y dos lo atracan. Plañidera, profesional, partera, institutriz. Iza la bandera y a la patria grita como un volcán, todo estaba oscuro pero ahora hay claridad. Por lo tanto, ya nada vale dárselas de edecán de rimita corta machacando un swap.   

 

……0….

 

“Huevonadilla” que llaman, escrita a muchas manos entre De Greif, Pombo y el T. López, compañeros de celda por un crimen atroz.

 

  

Dani a Petra Pérez

Posted in General on Noviembre 4th, 2010 by admin – Comments Off

Un turista en Punta Cana.

 

Esta mañana, contra todas las advertencias, caminé más allá de las playas del complejo turístico de Bávaro. Primero se acabaron los hoteles y las arenas mostraron de manera menos discreta su connivencia con el océano. Desperdicios de plantas ignotas esconden al cangrejo y, más allá, los mangles se acomodan con otro follaje, que poco a poco da paso a un bosque enmarañado y vivo.

El último guarda me lo dijo claro y cordial: “hasta aquí llega la seguridad para los turistas” Hubo un rio de aguas cristalinas lleno de sacrificios ancestrales en el cual fueron degollados los indígenas que sobrevivieron a los mastines del conquistador. Pero eso no era lo mío, guiado como estaba por las certeras coordenadas del GPS.

Andrés había dicho, como una broma, que los tesoros estaban resguardados por caimanes y feroces monstruos y señaló hacia el este, donde el Atlántico se une con el Caribe. Por tanto, continué caminando hasta que cayó la noche y llegué al caserío olvidado donde tendría lugar un rito a Yemayá. Todo estaba dispuesto y se lucían collares de colmillos sobre trajes ceremoniales y se repartían las drogas alucinantes que harían de la fiesta una frontera entre la realidad y el sortilegio. Algo así como la macumba o la fiesta brava, pero sin astados, solo música y desenfreno. Aproveché la confusión y cubrí mi cuerpo con el barniz preparado por los brujos, atravesé mi nariz con una flecha y dejé que la sangre brotara a sus anchas. Comí las preparaciones y mezcle mis ansias con el sudor de la orgía.

Antes del amanecer tuve que huir al galope hasta que el sol derritiera esa terrible mezcla de fuego y dolor. Desperté a la orilla del camino, cocinado por el sol a las 11am.

Una muchacha de piel oscura me informó que había sido elegido para un tatuaje el cual ya había sido iniciado y se perfeccionó en la tarde. Me sentía convulsionante y atormentado, pero entendía que ahora era a mí a quien correspondía buscar mi propio traje ceremonial. Para ello debía acudir a la selva y matar al yacaré con un cuchillo cuyo filo era el regalo de su padre. Como premio, tendría una porción del tesoro y podría transportarlo sin restricciones.

 

 

Tres kilos de oro y joyas de un valor incalculable ahora me pertenecían. Regresé al hotel con un bulto tejido a mano por las vírgenes de la tribu, con la piel desgarrada sobre el tatuaje y descompuesto por la sangre en mis facciones. Entré al hotel arrastrándome por la playa y cuando tuve a la vista el bar evadí a los vigilantes, absorbí un pase largo de coca, me sacudí la arena, me lave lo mejor que pude en uno de los baños del cubículo de buceo y entré por el camino hacia la habitación, tratando de no despertar sospechas. Cuando llegué al cuarto consumí dos tragos largos de güisqui me bañé, metí el tesoro en la maleta y me fui a hacer el check out con los otros asistentes al congreso de zonas francas. Para disimular iba leyendo el periódico local y me había cepillado los dientes con estiércol de pantera. Las máquinas detectoras de metales del aeropuerto hicieron algunos ruidos pero nadie sospechó de mi cargamento. Tampoco pasó nada en la aduana de ingreso a Bogotá y ahora soy feliz pero dudo si podré deshacerme como un místico de todas estas bendiciones.

 

Autor: Dani.

 

Profesora dice que Dani debe concretar sus historias y no utilizar lenguaje de adultos, pues parece que no cerrara los argumentos y se quedara en delirios que no le hacen bien. Por ejemplo, sería mejor que la muchacha de piel oscura se fuera a trabajar con él a Bogotá. Eso no solo le daría un tono literario a la historia sino que, además, le daría lógica al asunto.

Ella, una noche, después de chatear con el brujo de la tribu, pondría un denuncio en el Ministerio de Cultura de República  Dominicana y desencadería un reclamo diplomático de proporciones insospechadas, a raíz de lo cual las autoridades de las dos naciones nombrarían detectives para conseguir la devolución de los tesoros extraídos de contrabando.

Además, no es verosímil que las autoridades aduaneras no hubieran descubierto la salida de cuatro kilos de joyas y oro. ¿De dónde se le puede ocurrir a alguien que el detector de metales de un aeropuerto haga ruiditos pero no se tomen medidas para hacer respetar las leyes?

Es obvio que lo sucedido está ligado con un complot de verdaderos mafiosos que sacaron ventaja de un turista despistado, obligándolo a comportarse de manera tan infantil. Cae de su peso que por esos días la policía secreta del Reino Unido desplazó a su mejor detective para construir un suceso que desacreditara la Conferencia. Pero, claro, como se pretende que todo es romántico y caprichoso, pues el protagonista no se dio cuenta de que si bien hubo actores en el caserío, el agua del río estaba envenenada y esa fue la razón o causa por la cual varias personas murieron de diarrea en un caso clásico de asesinato preterintencional.

Lo del tatuaje sí tiene explicación pero no la que se ofrece en el relato, sino que corresponde a un montaje tan común en estos días en que todo es dirigido desde México. Es decir, no hubo macumba ni ritual a Yemayá, sino, simple y llanamente, uno organización de los dueños del hotel, que se dedican a lavar dinero.

Por su parte, la prensa, interesada en manejar los hilos del poder, sembró los almacenes de cocaína. Porque, hasta donde la historia es creíble, nada podría haber sucedido si no fuera porque a todos interesa la corrupción.

En efecto, cuando el autor regresó al hotel, sangrando por la flecha que atravesó a su nariz, y se arrastró por la arena hasta meterse un pase de coca, para después rematar con dos tragos largos de güisqui, lo pudo hacer solo porque los meseros estaban advertidos y habían invitado al vigilante a jugar dominó, negocio que pertenece al dueño del hotel, que a su vez está casado con la mayor accionista del diario local.

 

La verdad:

 

Generales de ley: mayor y vecino, hijo de la mugre, perezoso y alcohólico

¿Sabe usted por qué se le cita? –si lo supiera no lo diría señor juez

¿Es usted adicto a la cocaína? –a la cocaína, la mariguana, el éxtasi y los anabolizantes.

¿Estuvo usted en la población de Punta Cana?

–No señor juez

Aquí aparece usted como primer sospechoso de la muerte por deshidratación de 30 personas de una tribu de Punta Cana.

-No señor juez, yo no fui

Su pasaporte por favor

-Tome

Aquí aparece que usted viajó a dicha población.

-No señor juez, yo no fui. Cuando iba a abordar el avión salté a la pista y corrí y luego me fui al barrio cercano y bebí cerveza.

Miente, aquí dice que usted entró a Punta Cana

-No señor juez, eso es falso, tengo testigos que pueden dar fe de que estuve en Fontibón toda la noche.

¿Sabe usted bailar la macumba?

-Sí señor juez

¿Cuándo bailó por última vez?

-El viernes señor juez

¿Dónde?

En Fontibón señor juez, en el bar “El Rincón de Adelita”

¿Propiedad de quien?

-De Adelita señor juez

¿Fuma?

Gracias señor juez, pero ¿Dónde están los cigarrillos?

No, me refiero a si es usted fumador.

-Sí señor juez, fumo en grandes cantidades, soy un gran fumador

¿Fumó usted durante su estadía en Santo Domingo?

-Yo no estuve en Santo Domingo señor juez

Aquí dice que sí. ¿Conoce el rito a Yemayá?

-¡Claro señor juez! Yo soy uno de sus buenos discípulos

¿Maneja usted el arte del tatuaje?

-sí señor juez, yo soy un gran tatuador ¿quiere que lo tatúe?

Gracias, no.  ¿Sabe usted de zonas francas?

-Mucho señor juez, soy zona franquista redomado.

¿Asistió a una conferencia de zonas francas el fin de semana pasado?

-Sí señor juez

¿Dónde?

-Con Adelita señor juez

¿Dónde?

En Fontibón señor juez.

Creo que debo judicializarlo formalmente por la muerte de 30 personas en Punta Cana.

-Como usted diga señor juez. ¿Quiere que confiese?

Sí.

-Confieso.

Como Neruda ¡Carajo!

Posted in Cuentos, General on Noviembre 4th, 2010 by admin – Comments Off

A la brisa del Caribe.

 

Voy a dedicar mis versos al ánfora infinita de la tarde, a la misma cavidad celeste que cubre la tierra en la que reposan las palabras de mi padre. Quiero hacerlo desde la orilla del mar, desde la playa que un día recibió al conquistador y su corazón, susurante, como el mío, fue incapaz de gobernarlo. Llegó con miedo, como todo aquel que traspasa las murallas.

Lo hago desde la música, desde el ritmo del tambor donde alberga la soledad del oscuro ámbito de la humedad, donde no me atrevo a penetrar porque temo la ira de los recuerdos.

Casi que prefiero caminar para no ser alimento del huracán al que esta mañana avizoré como una fiera que pretende clavar sus colmillos en la arena.

No sé donde estoy, consulto el mapa y no responde, reclamo mi espada y se derriten mis manos sobre el azul brillante que enceguece. Mi única certeza es el silencio. Debo pues aceptar inerme las páginas de América pero no encuentro un himno, ni me satisface su ausencia, ¡cuántas columnas artesanales! mil vitrales ¡cuánta ceguera palpitante! No sé si son las huellas mis pasos recorridos, no descubro el símbolo de los leños. Mis dudas surgen demasiado tarde, no trascurre ahora el tiempo que antes me consolaba, parece que el equilibrio de mis dioses me abandona y siento la mirada de mi madre desde sus años laboriosos y su mano me acaricia y otra vez soy un niño desvalido. No puedo llorar porque la lluvia ya cesó en los charcos de la estepa.

Me descubro entonces buscando un cielo en el que no creo y veo los hijos de mi sueño clamando fortaleza. ¡Cuán débil la fuerza de los héroes! Vuelvo pues a caminar para no aceptar la arena calcinante ni el delirio de la estadía.

Si tan solo pudiera captar la sabiduría del instante que se fuga entre los dedos, o las figuras que la niebla refresca entre el cabello de las algas. Me quedo solo y sonrío en el espejo desde donde vuelve el sangrante cuchillo del horizonte.

No hay habilidad ni truco para dominar este lacerante paso de las espinas sobre la película de mis actos. ¡Cómo no burlarme de la pesada carga de mis versos! Siempre tan iguales, siempre tan presos del idioma y de mi historia inexistente. Nada ha sucedido que me conceda siquiera una complicidad pasajera. Por eso mi voz no canta y mis pasos se quedan en la agonía de las olas.

Punta Cana, octubre bajo los días.        

Toño de Jesús Armenta

Posted in Cuentos on Septiembre 29th, 2010 by admin – Comments Off

Decía un sabio de la antigüedad que incluso los dragones tenían miedo de volar sobre el mar. Intrigado por esta historia, pregunté Nydyic, dragoncita juguetona, mencionada por Axhwerl en su colección de libros daneses y me ilustró de la siguiente manera:

 

“Los dragones no fueron seres de montaña, pero les gustaba pasar sus días en valles regados por aguas frescas, siempre a la vista de colinas verdes y saludables. Contra la creencia tan difundida en los últimos siglos, los dragones no utilizaban el fuego para conquistar sino para calentarse en sus reuniones, en las cuales aprendían los secretos y tradiciones, desde muchos antes que aparecieran los caballeros en busca de hazañas.”

 

Nydyic viajaba muy, muy alto, sobre las nubes, y desde esos ámbitos descubrió el mar, que se veía como una alfombra gris azulosa cubierta por las brumas  que despedían las cuevas de los acantilados. Un día voló con su dragón amigo hasta los confines de las montañas y llegaron a la orilla del mar, pero ya no vieron la bruma, sino un viento fresco y se quedaron sobre la playa y entonces no sintieron todo el miedo que habían sentido cuando hablaban se asomarse hasta esos parajes.

 

 

Fragmento de “Cuentos Infantiles de Islandia”

 

 

 

 

 

Un recuerdo.

 

Toño De Jesús Armenta Pascual, “El Viejo Toni”, era un tipo fuerte, tranquilo, un triunfador de gran personalidad y de coraje a toda prueba. Procuraba no meterse en problemas, pero si los había siempre dio lecciones de aplomo y compostura y, en casos necesarios, de una fiereza demoledora.

 

Crecimos en el mismo barrio, él un par de años mayor que yo y ejercía sobre el grupo una suerte de jefatura moral indiscutida. Un boxeador nato, de gran pegada y resistencia, que se le midió, poco a poco, a todos y cado uno de los grandes peleadores del barrio y después a verdaderos atletas  del boxeo de la ciudad, del país y, finalmente, con los años, ya superada nuestra época, derrotó a las luminarias del firmamento boxístico del mundo. Fue campeón mundial durante diez u once años y es la única persona famosa que he conocido. Ahora vive en Miami y es dueño de una cadena de almacenes de artículos deportivos. De cuando en cuando es objeto de reportajes o se le invita a eventos públicos. Nunca se ha negado a saludarme, pero han sido solo unas dos veces las que he tenido oportunidad de verlo. La última vez me dio su teléfono y dirección y me dijo que fuera a pasarme una temporada a su casa, que su familia estaría muy complacida de tenernos por allá. Nunca he ido.

 

Pero de lo que me acuerdo ahora y es la razón de esta nota, es un detalle, al desgaire, que nos contó El Toni por allá en la época de sus primeros triunfos formales, quiero decir, como miembro de la liga distrital, cuando ya tenía cierto nombre como aficionado a nivel nacional o, si no estoy mal, ya era campeón nacional de peso walter junior  y estaba muy cerca de dar el salto al profesionalismo. Todavía vivía en el Polo Club con sus padres. Habló de los miedos como si fueran parte natural de su pasado, o como si tuviera la certeza de que siempre lo acompañarían. Me pareció un descubrimiento descomunal, algo totalmente fuera de posibilidades, porque para nosotros El Toni  era algo así como “Juan sin Miedo”, un verdadero héroe.

 

Una vez que veníamos de la tienda, por la plazoleta de abajo de la 22, que estaba llena de tipos de esa cuadra, alguno nos silbó, a lo cual todos hicimos como si no hubiéramos oído, es decir, todos menos El Toni, quien paró, volvió a mirar y gritó: “¿Cuál de ustedes es el maricón que quiere que le rompa la jeta?”. Vimos salir nada menos que al Mono Daga, un tipo del colegio Calazans, que se había dado en la jeta con gamines en el caño de la 87 y dizque había utilizado cadena en peleas en el barrio San Luís, donde vivía antes. Fue una buena pelea, la verdad que el Mono Daga no era malo, sino que El Toni ya tenía los fundamentos del box y demostró una velocidad fuera de ese contexto. El Mono terminó sangrando por nariz y boca y, cuando trató de utilizar patadas, recibió una andanada que lo dejó tirado en el suelo sin aire. Después, arreglándose la camisa y limpiándose el pantalón, El Toni les preguntó a los seguidores del Mono si alguno quería continuar o que, si querían, escogieran a cualquiera de los de su grupo. No hubo ánimo, pero, por supuesto, al resto no nos pareció gran idea, aunque en ese momento dijimos que claro, que a ver quien quería darse en la jeta con nosotros. La cosa quedó así. El Toni no lo dijo para meternos en líos, sino porque para él las peleas eran algo natural. Ya sabíamos de donde venía y que en su pueblito, a la orilla de un rio, la cosa había sido dura en su infancia.  

 

Nosotros hablamos y hablamos de la pelea del Toni y cada vez agregábamos un recto, una finta, cualquier cosa. Se nos llenaba la boca contando que éramos los amigos del Toni. Pero en fin, como decía, una de esas  tardes de domingo El Toni contó que la primera pelea que recordaba no había sido siquiera contra un compañero de juegos sino contra una prima, es decir, contra una niña, que a los 4 o 5 años le había torcido la nariz y lo había hecho llorar y a él le había dado miedo contra atacar. Tal cual, no por una suerte de incipiente caballerosidad o por algo así como “que a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una flor”, cosa que, creo, después sí se convirtió en parte de su código mínimo de ética, sino porque se sintió derrotado, humillado, ofendido, aterrorizado. Fue una derrota absoluta y un golpe demoledor para su ego. No que en ese momento se le hubiera ida la vida, pero con el tiempo fue constituyéndose en una referencia quizá perturbadora, quizá no, pero, en todo caso, en un recuerdo, en un algo que aparecía de cuando en cuando, pero ni siquiera “cada cierto tiempo”, sino solo en algunas etapas de la vida, como una mala estrella fugaz, o como un cometa errante que surgía de los más oscuros confines de un universo desconocido, pálido, frío, sin forma ni espacio.

 

Ahora, transcurrido ya tanto tiempo, reconstruyo la vivencia en versión libre y las cosas están hechas de palabras y no se si corresponden a lo que dijo El Toni, pero el hecho es que se acordó de eso y nos lo contó, sin tono ni pretensión de confesión, tampoco como desahogo y sin fruncir el ceño. En esa época, o antes, nos reuníamos y jugábamos futbol, beisbol, cualquier cosa, o simplemente compartíamos un programa de televisión o charlábamos, pero no como charlan los adultos, que se proponen hacerlo, que saben que están reunidos para hablar, sino que para nosotros era solo un compartir el momento. Es más, no era compartir, era estar ahí, en esos instantes que no tenían tiempo, porque a esa edad el tiempo no ha comenzado realmente a transcurrir. Todos teníamos la certeza de que un año, por ejemplo, era algo estático, algo que no pasaba. A nadie se le ocurría pensar que haría un plan para más allá de una semana, o dos a lo sumo. Además, nadie necesitaba tanto tiempo, nadie comprendía aquello de que “no me queda tiempo”. Se llegaba del colegio y, si era viernes, algo podía pasar en el barrio, nada más.

 

Ahora me pregunto si el afectado he sido yo, porque, según parece, todos vivimos con más o menos carga de miedo o, al menos, de pequeñísimas confusiones de esta índole.

 

 

 

 

Algo de teoría.

 

La timidez no es igual al miedo, es más bien como una actitud que te predispone contra la acción. Está más relacionada con la parálisis que con las ganas de huir, que ésta podría ser la definición del miedo: ganas de salir corriendo. En cambio, la timidez es como la tendencia, las ganas de no ir para no tener que regresar sin haber actuado.

 

O, más bien, tiene relación con la vergüenza, la cual se diría que pertenece más a la percepción de lo que los otros pueden opinar, decir, mirar. El miedo es físico, la timidez es social, o si se quiere, es una actitud psicológica, personal, frente a las cuestiones sociales. Ante caminar por el filo de una paredilla, de una tapia, no se es tímido, frente a eso se tiene o no se tiene miedo. Hay tímidos que caminan sobre una tapia, pero no entran a una reunión social.

 

Por supuesto, si consultamos el diccionario tendríamos un significado para cada palabra, pero no una respuesta para esta preocupación y, por lo tanto, no me interesa. El miedo, por lo menos, es clarísimo, nada de sutilezas o zarandajas. Cuando se siente corres, o, si no lo haces es porque por alguna razón profunda, por un convencimiento,eres capaz de sobreponerte, es decir, porque ganas una batalla aterradora en fracciones de segundo y nunca hay duda sobre si lo que se sintió fue o no miedo. En cambio, el no hacer, o el hacer mal que resulta de la timidez siempre deja dudas.

 

No es lo mismo la timidez a la pasividad o a la falta de ganas, o al temperamento poco social, no, la timidez es algo indescriptible, pero, sin duda, más relacionada con la sensación de que algo te avergonzará, con la sensación de que respecto de algo sentirás que habría sido mejor no haberlo hecho o no haber estado. La timidez parece ser las ganas de no llegar a situaciones sobre las que no crees que podrás sostenerte sin volver a pensar sobre ellas.

 

El Toni no manifestó vergüenza por haber confesado o, mejor, relatado su primera derrota. En cambio, a mi me ha obligado a buscar, muchos años después, un resquicio de luz sobre el asunto, pero sin lograr llegar a ninguna parte. Con la edad se comprende que hay cosas que no se entienden, que los recuerdos y los sueños constituyen un mundo paralelo. Cabría la pregunta de si ese mundo tendrá sus vasos comunicantes con el mundo actual, o si está emparentado con las fotografías, los relatos, el cine. ¿Qué pasaría si a uno lo hubieran filmado todo, todo el tiempo de su vida? ¿Tendría uno derecho, posibilidad, de recordar de manera distinta al registro fílmico? ¿Y si así fuera, todo recuerdo que no corresponda con la película sería mentira, aun si uno no hubiera visto la película? ¿Tendría la gente posibilidad de destruir la cinta para defender sus recuerdos,  o sería prudente ver muchas veces la película para ser coherentes? ¿Qué pasaría cuando veas la película en que estás viendo la película? Tonterías ¿cierto? Porque esto ya ha sido estudiado y está claro que una cosa son los hechos y otra los recuerdos, aunque a veces deban reconstruirse los hechos con base en los recuerdos. Esto suena intelectual, pero es vacío, porque, se repite, los hechos, lo que sucedió, existió como sucedió, aunque nadie lo haya visto o aunque nadie lo recuerde. No vamos a volver a las teorías de Platón o de Aristóteles, eso no tiene gracia.

 

 

 

 

 

 

Un sueño.

 

Soñé cosas muy colombianas, muy de nuestro tiempo. Uno sueña sobre lo que le inquieta, sobre lo que le ha sucedido, no se inventa aunque haya algo de distorsión.

 

Estaba con unos amigos a las afueras de un pequeñísimo poblado durmiendo en una cueva, al borde de un abismo escarpado, altísimo, de rocas amarillas inestables. Desde una ventana o un hueco de la cueva se veía el precipicio y, al mismo tiempo, una pared de roca altísima. Era indudable que por una parte la cueva daba a una carretera, pero por la otra estaba suspendida en un risco aterrador, como si fuera la cueva de una gaviota o de un águila de esas que salen a volar desde un sitio inexpugnable.

 

En la segunda escena estamos caminando por la carretera con rumbo a la cueva acompañados de un lugareño. Escuchamos voces de personas que se acercan en sentido contrario pero todo está muy oscuro y no las vemos. Ellos tampoco nos han visto. “Son guerrilleros”, dice el lugareño, “tírense al suelo y quedémonos quietos en silencio hasta que pasen.”

 

Así lo hicimos. Cuando entramos a la cueva nos dimos cuenta de que mi hermano había salido hacia el desfiladero.

 

-Esto soñé hoy, me dijo Torres cuando corríamos (jogging, footing, trote) por el paseo de la bahía, soportando el sol que ya se hacía sentir a las 7am, aunque matizado por un barniz de nube.

 

-¿Sentiste miedo?

 

-Bueno, tú sabes, en los sueños las cosas son muy raras, son como en un solo plano, de una sola dimensión narrativa. Había cuevas, un grupo, un lugareño, unos guerrilleros… Cuando uno se despierta termina de armar las cosas y ahí podría decir que en el sueño había miedo, aunque no se recuerde bien que el relato onírico hubiera mencionado expresamente el miedo.

 

-Como en la vida, uno no va por ahí con o inmerso en el miedo, pero si uno analiza con cuidado puede que termine diciendo que el miedo te acompañó en tal o cual suceso. Los recuerdos parecen sueños, pero más dirigidos, más nuestros, menos libres. Pero, de todos modos, lo que recordamos nunca es completo, siempre hay un grado de abstracción, no son tan realistas.

 

Terminé más cansado que en los días previos. El cansancio, claro, se acumula. El físico es divertido, pero no el vital. Éste se parece a la timidez, o al miedo, no lo se. Lo grave es que si te cansas de la vida ¿hacia donde huyes? Pensaría uno que hacia la muerte, pero ella es física y, por tanto, no sirve para este descanso. Además, cuando te das cuenta, se requiere mucha vitalidad para percibir que estás cansado vitalmente, salvo que fueras un imbécil. Lo que realmente quieres es cambiar de carril, no dejar de correr.   

Kayak. Junta Directiva

Posted in General on Septiembre 12th, 2010 by admin – Comments Off

Comunicado de lectura opcional.

 

 

Todos están de acuerdo en que las actas de las reuniones deben contener lo esencial, sin incluir detalles acéfalos u opiniones no conducentes. Con este sano criterio resulta encomiable la decisión del selecto grupo que compone la junta directiva del colectivo de kayakistas, de matricular a sus amanuenses en el seminario sobre el tema específico aplicado a la actividad del kayak, que tuvo lugar en el auditorio de la sede en días pasados.[1]

 

La ciudad de Sitka siempre ha sido adecuada y eficiente en la organización mensual de las reuniones. El frío y salvaje entorno del distrito es compensado con creces con el calor vital de sus gentes y su férrea voluntad de lucha.

 

El señor Aukuta Morosutma Vlakai organiza con dedicación los eventos y personalmente redacta y difunde el acta de cada uno, previa aprobación y firma de presidente y secretario. Sin embargo, por su propia iniciativa se  invitó a los jóvenes de la comunidad kayakera a vincularse como candidatos a acteros, dado que cada vez con más frecuencia el señor Aukuta Morosutma Vlakai debe ausentarse mar  adentro por varias semanas para recoger plancton y otros alimentos para las ballenas de la bahía. 

 

El seminario ya produjo frutos que se reflejan en las maravillosas síntesis que hemos podido disfrutar los kayakistas profesionales y aficionados que estamos pendientes de todo lo que ocurre en nuestro ámbito.  

 

De la última son los siguientes apartes:

 

Se llegó a la conclusión de que al kayakista con frecuencia le sucede que después de leído el periódico se le despierta el interés por alguna noticia que al instante de leerla no tuvo la fuerza suficiente para detenerlo u obligarlo a someterla a un tratamiento de archivo, análisis, o de base de creación periodística o literaria. Así sucedió con la ballena que sin razón aparente alguna saltó sobre el velero “Intrépido” enfrente de las costas de Sudáfrica, suceso que por manes del destino quedó registrado en la cámara de un aficionado que en ese instante estaba filmando el paisaje en esa dirección.

 

Por esta razón algunos deciden salir al comité local para calmar la angustia y oír voces con otras historias. Por ejemplo, que se sabe que el gobierno no tiene una política sobre el kayakismo, a pesar de los sinceros ruegos que el colectivo viene radicando desde hace varios lustros. Pero, claro, es notorio que la politiquería todo lo corrompe y que las bancadas del Congreso no se han percatado de los beneficios en seguridad, turismo, aventura, recuperación de indigentes, difusión de la cultura y estructuración de país, que una sencilla política sobre el tema podría generar de manera más que inmediata.  

 

Estamos igual que al comienzo, manifestó Ivaniskowich Froskwoyeski, es decir, dijo que estamos con un presupuesto que de exiguo pasó a ser nulo e inexistente y, lo que es peor, totalmente salpicado de indiferencia y crueldad. Han desaparecido 14.732 narvales y cada minuto se retira de la actividad una capa de hielo suficiente para enfriar la friolera de 4.357.272 vasos de excelente güisqui, los cuales, si se colocaran en línea uno detrás de otro, cubrirían 3.11 veces la distancia que separa las ciudades de Tunja y Bogotá.

 

Por su parte, el señor Konsak Good dejó su testimonio de cómo una vez que estaba viajando en un kayak de pasajeros, ni grande ni pequeño para los estándares actuales, mientras sobrevolaban una nube de algodón, sin calificación meteorológica, es decir, una nubecita de las que los papás muestran a los hijos, tal como lo hacen también los pasajeros de los aviones, se presentó un “vacío” o movimiento repentino del kayak  hacia abajo, tan, tan fuerte, que la bandeja de comida que tenía en la mesita se levantó hasta el techo del kayak y quedó allí suspendida durante ocho horrorosos e interminables segundos. Especialmente, porque cuando cada segundo estaba por terminar, para dar lugar al siguiente, se prorrogaba así mismo y no dejaba entrar al otro, el cual en ese punto se encogía, pero luego, cuando le tocaba su turno, se alargaba con una potencia superior a la del anterior, produciendo una interminable y angustiosa eternidad en cadena. Sin embargo, de repente, sin que hasta el momento se haya recibido una explicación satisfactoria de la empresa de kayakismo, el movimiento se detuvo. La bandeja recuperó aparatosamente (o quizá sería más exacto decir bandejozamente) su lugar, pero con tal explosión de café con leche, arroz y salsa de carne, que todos los pasajeros quedaron con la cara empegostada, lo cual produjo una estampida hacia los dos únicos baños, con las consabidas riñas y gritería, pero, además, clavando la popa del kayak con el inminente peligro de zozobra que este tipo de desplazamientos internos produce fácilmente en una embarcación de semejantes dimensiones. El piloto debió salir del cockpit  o bañera para imponer el orden con el único machete a bordo.  No en balde a este adminículo de origen y vocación agrícola se le denomina “amansa loco”

 

En todo caso, ya en tierra firme, se supo que había sido la delicada pero valiente nubecita la que había detenido el kayak. No obstante, cuando se la buscó para agradecerle o, incluso, condecorarla, nadie dio razón de ella, motivo por el cual el señor Konsak Good decidió dejar su testimonio en la reunión.

 

Los señores Alenxandrikow  Warkosivikev  y Grascoerlivich Warkosivikev manifestaron que no se debía repetir la improvisación del pasado encuentro mundial de kayakistas, al cual, con un cálculo simple se invitaron y asistieron 11.333 kayaks de 5 metros por sesenta centímetros de ancho, porque se calculó correctamente que la laguna tiene 34.000 metros cuadrados, pero no se tuvo en cuenta la envergadura y el movimiento de los remos, por lo cual fue difícil organizar la regata.

 

El señor Jhorgrefekeisnikow  Mintreskasnow defendió la tesis, apoyada por la representante del kayakismo femenino, en el sentido de recomendar un marco programático para que se de cumplimiento a la directiva única que obliga a que las diferencias de género o sexo no sean determinantes en la asignación de espacios de atraque en todas las marinas del mundo, la cual se aprobó por unanimidad.  

 

…..0……



[1] No muchos

Dani asiste a conferencia

Posted in General on Septiembre 10th, 2010 by admin – Comments Off

De Dani

 

 

Conferencia del Ministro de Hacienda en el congreso de ANALDEX 2.010

 

El gobierno colombiano ha llegado a la conclusión de que todos los esfuerzos financieros y de gerencia se encaminarán a lograr la compra de una locomotora. Para esto, es necesario que los empleados calificados, la innovación y el régimen tributario,  aporten cada uno una cuota para la compra del aparato.

 

Pero,

 

¿Dónde se venden locomotoras?

 

Opciones:

 

1) Locomotoras japonesas

2) Locomotoras alemanas

3) Locomotoras americanas

 

El ministro cree que lo recomendable es comprar las ruedas en Japón, la carrocería en Alemania y el motor en Estados Unidos.

 

Con este esquema, que servirá de gatillo, la clase media y los pobres que dejarán de serlo, aportarán una gran cantidad de mercancías transportables, que podrán ser vendidas en mercados lejanos en Colombia y en el exterior.

 

El dinero de esas ventas se invertirá en gasolina para la locomotora, en un círculo virtuoso que permitirá el auge petrolero y minero, cuyos impuestos y regalías se ahorrarán para sembrar comida, promover la innovación, construir vivienda e infraestructura, actividades que a su vez generan empleo, lo cual lleva el consumo de bienes que deben ser transportados en la locomotora.

 

Por supuesto, la infraestructura básica será la construcción de carrileras, para que la locomotora y los vagones puedan recorrer todo el país comprando y vendiendo bienes que se transporten en el tren de la felicidad.

 

Sector servicios:

 

Una locomotora requiere que le aprieten y cambien tornillos y tuercas, es decir, mecánicos idóneos, con cuyos salarios comprarán productos agrícolas y vivienda y exigirán jabón, champú y carro, productos que tendrán que embarcarse en los vagones del tren, lo cual requerirá empleo de coteros, logísticos, gerencia, abogados y  médicos para atender machucones.

 

Como hay más gente trabajando, se requiere más gobierno, con sus empleados, que a su vez comprarán bienes y servicios, que serán transportados por la locomotora.

 

Por otra parte, los prestadores de servicios deberán transportarse.  ¿En qué?  En los vagones que serán movidos por la locomotora.  Pero, no la misma que jala los vagones que transportan los bienes, sino en otros, que seguramente serán construidos en Colombia, generando empleos para ingenieros, ecólogos e investigadores y académicos, que a su vez compran bienes y demandan servicios y roscones y mermelada, etc., etc.

 

Por supuesto, entre más gente próspera haya, más alimentos se cocinarán y, por supuesto, habrá que construir cocinas, hechas, claro, de metales y que usarán carbón y otros combustibles.

 

Con los ahorros de la bonanza, se harán inversiones en el sector minero, que generará, claro, exportaciones, que, obvio, deberán ser movidas por la locomotora.

 

La justicia: 

 

Entre menos pobres haya, más bienes tendrá la gente y entre más bienes se acumulan, más pleitos habrá, lo cual generará empleo para jueces y sustanciadores, los cuales comprarán bienes y demandarán servicios.  Los computadores para estos funcionarios saldrán de los ahorros de la gente próspera y de los excedentes de las regalías.

 

Innovación:

Todos entendemos que la locomotora, los vagones y los bienes y servicios, tendrán que hacerse con las mejores ideas y las ideas generan innovación, que a su vez requieren soporte de pantallas, lápices, algo de papel, banda ancha y hasta mascotas, porque así es la vía.

 

La revaluación:

 

No importa en cuanto tal, porque si se gana más, con lo cual hay más demanda y más bienes a transportar, se ahorra más, y, a pesar de una posible náusea, la locomotora se moverá, con su inefable generación de riqueza.

 

El crédito:

 

Si hay ahorro, hay crédito barato.  Punto.

 

En resumen:

 

Regalías, baja de impuestos, regla fiscal, inversión, ahorro, agro, innovación (ej. Cajeros automáticos y giros por banda ancha) y, claro, educación y su círculo virtuoso.

 

Gracias.

 

  

 

TEORIA DEL LINK

 

 

“Por más pesado y efectivo en términos marginales que sea un vagón, nunca será más importante que la locomotora, pero, en su conjunto la justifican si sus links son suficientemente sólidos y confiables.”

 

Gbaroktow.

 

 

 

Kayak. Se restringe el derecho de recalada

Posted in General on Septiembre 1st, 2010 by admin – Be the first to comment

Se restringe el derecho de recalada.

 

Abro el cuaderno, pido el lápiz, reclamo la pizarra, indago por la tiza, hago traer el papiro y una pluma ad hoc, cuatro toneladas de piedra lisa, suave, y un cincel, al menos una lápida, digo, que hay muertos que no la usan, pero se me reprende por iconoclasta… o casi. Reclamo entonces instrumentos de testamentar, o los que correspondan. Se me informa que los tiempos exigen computación, ordenadores, un tabloide electrónico, twitter, blog, algo en la web, cosas así, electro bits. Delego entonces la cuestión y decido navegar.

 

Siempre pasa algo inesperado en lides marineras. O un cabo se trinca, si cabe y puede, en la cornamusa equivocada, o una maldita cachimba se apaga contra la escotilla de la santa bárbara y ahí nos vamos, o un imbécil dispara antes de tiempo, o, simplemente el bauprés  se rompe, se pudre, explota o ensarta a Neptuno y malditos somos. No hay viaje gratis y los aduaneros algo exigen.

 

En esta ocasión no fue técnico el suceso pero igual da y descompone la bitácora. Hasta la lora parlanchina comentó con sorna la mala hora.

 

Debo pues comentar que salvo excepción, que así se dice y exclama, las tribus ribereñas son hospitalarias, o, al menos, practican o conceden el derecho a la recalada y al reaprovisionamiento, con la condición implícita de no secuestrar mujeres ni destruir monumentos. Al principio, hace marras, hubo intercambio de amenazas y hasta una carga de arcabuz, pero cosa que con el paso de los siglos se depuró, perdió importancia. No en balde se ha testimoniado la llegada a puerto de sobrevivientes del huracán y de amputados de la pesca del tiburón.

 

Pero los tiempos cambian y resulta que en esta ocasión, en la que ni siquiera íbamos por vituallas sino a patentar un invento descomunal, a hacer un aporte a la ciencia, aparece el nuevo jefe, pequeño, mal encarado, de aliento atroz y pata de palo, armado hasta los dientes con su fusil de asalto y cuatro granadas en bandolera ¡enano petulante! y nos exige contribuciones fiscales, como si se tratara de un truco institucional o de una cuestión de mafias.

 

Se nombraron comisarios ad hoc y concedieron poderes suficientes a los abogados del puerto. Todo en vano. Nos dieron 10 minutos para desaparecer de esas costas.

 

Así se hizo, no sin antes proceder al saqueo. Nuestros aliados en la montaña aparecieron raudos con machetes y ametralladoras (de las que regaló la gobernación para la defensa de los hatos). Además, entró la fuerza especial con buldóceres de afrentamiento y caló batalla contra las falsas murallas. Los de Henry acudieron a las bombardas de sus navíos, pero las tripulaciones mal entrenadas y la falta de claridad de Henry el Cojo, “el Capetucho”, “el Tachuela”, hizo que la reculada de los cañones fuera más dañina que la munición y de tres jefes de ataque dos resultaron con inflamaciones y trombo flebitis y los otros resbalaron en la cubierta partiéndose el coxis y con lesiones internas.

 

En cambio, nuestras huestes fueron raudas, ágiles, determinantes. Y salimos con provisiones y dejamos sentada la protesta y sello. De seguro habrá guerra, pero ya sabemos que cada incidente es una entidad bélica independiente.

 

Pero bueno, todo pasa y la cuestión volvió a la calma con nuestra partida. Se   patentó el invento en Hospicio City. Nada menos que un remo con depósito de brandy y pitillo. El registrador nos contó que años ha otro inventor vendió a  cualquier precio un bastón con estilete, aspersor de ácido y depósito de brandy, porque en un lance apurado erró el tiro y asperjó el brandy sobre la cara del bandido y se bebió el ácido, de tal manera que solo atinó a clavar el estilete en el franco bordo del falucho enemigo y se partió un dedo para salir pidiendo reglas claras en la batalla antes de que lo rescataran y sometieran a trasplante de tráquea. En algún momento recuperó la voz pero nunca llegó a ser el mismo soprano de su juventud. Culpó iracundo a Henry el Cojo antes de que lo fuera y le envió  a un corta piernas que actuó, como ya se intuye, con gran eficacia y valentía. A Henry le cambió el genio y por eso hoy nos negó el derecho de recalada. ¡Que una musa se le convierta en moza y lo despose!

 

A los tres días se firmó un cese al fuego y al cuarto hubo acuerdo de paz bajo las siguientes premisas:

 

1)   Se garantiza todo acercamiento Porteño House sin pretensión societaria, para fines estrictamente técnicos y de estiramiento.

2)    No se comerá carne o arroz a precio de socio

3)    Henry no tendrá derechos en Marina,s Dock

4)   En las batallas de mar no intervendrán fuerzas de tierra

5)    Todo navegante merece respeto

 

Sobra decir que estos son los principios que desde hace 5 días constituyen el Derecho Internacional marítimo de agua dulce en Guatavita,s Lake.[1]

 

 

Fin.  


[1] De los archivos de la Academia de Historia Municipal de Gatavita.

Sobre los kayakistas

Posted in Crónicas, Cuentos, Ensayo, General, Legales, Opinión on Agosto 21st, 2010 by admin – Be the first to comment

El León, que no come todos los días, se hace nuevamente a la mar.

 

 

“Mi kayak es el amarillo, el de él no tanto.”

 

¿Os imagináis la carga de ingenio que se requiere para soltar con naturalidad una frase de semejante envergadura creativa, síntesis de la ambigüedad, el claro oscuro conceptual y la parsimonia como método de reflexión?

 

No tengo la respuesta, pero como observador tengo a cargo los hechos que la motivaron y las circunstancias que permitieron su manifestación.

 

Tanto el profesor Dalmar, como su amigo, el investigador Sóiz, estaban vestidos en trajes de navegación, es decir, con mochos de natación, camisetas, faldón de kayakear, sombreros, de la legión extranjera el uno y de vaquería colombiana el otro, zapatillas de agua, de las turísticas, ambos, remo en mano y figuras ya maduras de prejubilados responsables los dos.[1]

 

Llovía copiosamente y hacía frío. Las miradas, todas, incluida la mía, se dirigían en lo fundamental al suelo. Un barrizal poco atractivo, con mazos livianos y aislados de yerba aquí y allá y restos en descomposición del tal buchón que plaga este tipo de lagunas.

 

Cancelar las 2 horas y media de remo proyectadas no estaba en la mente de ninguno como decisión, pero sí como inquietud en cuanto a si continuar con el desafío podría ser considerado, así fuera de manera liviana, como un acto cercano a la ridiculez atlética más que a la tenacidad y buen tino en la práctica del deporte.[2]

 

La cuja, cama, o cobijero de sábado estaba ya lejana, a 60 kilómetros cabalgados a paso más bien manso a mi bordo, función que realizo sin queja, remilgo o disfunción alguna, porque al cabo, es mi natural talante y disposición transportarlos a do quiera se dirijan con tal de que no den en desafiar de mala manera las reglas de la transportación mecánica y la propulsión a gasolina. Pero, observo y comento, eso es todo.

 

Los veo pues partir, digo, zarpar, y me despido con un gesto que, por no ser del idioma que los comunica no entienden ni responden. Sin embargo, me quedo como rumiando la frase: “el mío es el amarillo, el de él no tanto.”

 

Mientras no estuvieron llegué a la conclusión de que parezco una vaca, aunque no por peso, pues registro bastante más que ellas, y tampoco por la forma, que sí es similar en cuanto a la perspectiva de volumen y no de líneas tan definidas, sino por nuestra actitud. Ellas, claro, comparten el vitalismo humano, son, pues, del mismo “reino”[3] y en cambio yo diríase que estoy en lo del mineral (del “reino” mineral) en el grupo de los metales y aleaciones. Mucho acero, lata, algo de plástico y unos tejidos de paño en los asientos.

 

Pero, las vacas y nosotros somos terreneros, es decir, lo nuestro es el terreno. De pasto verde y extenso el de ellas y de textura variada y algo más duro el nuestro. Somos, además, rumiantes. Ellas por digestión y nosotros por la capacidad de transformación química a través de la cual producimos la energía de nuestros desplazamientos. También nos parecemos o hermanamos en lo de la parsimonia como método, aunque nosotros, en la carretera, demos la impresión de ágiles saetas o de feroces corredores en zigzag. No obstante, esos son detalles intrascendentes; cuando estamos sobre un potrero somos iguales, porque nos dedicamos a la disquisición y, cuando se puede, a leer, a pensar.

 

Tenemos sí, sobre las vacas, una ventaja sobresaliente e indiscutible, cual es la de que ellas, a diferencia de sus primos los caballos, no son medio de transporte y, por lo tanto, su conocimiento de la naturaleza humana es menor. Lo cual, dicho sea de paso, no es vital, porque no está demostrado que si lo tuvieran su vida fuera de mejor nivel. En esto digo: la vaca es la vaca y yo soy yo.

 

En todo caso, cuando regresaron supe que hubo alguna otra frase digna de mención en esa aventura, enmarcada dentro del diálogo que reconstruyo, acudiendo a la información que tengo a la mano:

 

-          ¿Si vez aquellas figuras en lo orilla a lo lejos?

-          ¿Cómo amarillas?

-          Sí.

-          Uhmmm

-          Digo que no constituyen  una multitud, porque están quietas y una multitud siempre está en movimiento.

-          ¿Toda multitud?

-          No, no toda. Me refiero a que las multitudes, como todo plural de entes autónomos, o tiene un movimiento como todo o sus partes tienen un movimiento interno dentro de la multitud.

-          Pero ¿y cuando se dice “la multitud estática” o “absorta” o “impávida”…?

-          Bueno, no son todas lo mismo, pero, si entiendo bien, la objeción es solo aparente. La que escucha un discurso está absorta pero su contorno es cambiante. ¡Ni qué decir de aquello de la multitud que se arremolina!

-          Pero bueno ¿Y el batallón que soporta la conmemoración o la arenga? Esa es estática so pena de juicio militar ¿o no?

-          Siempre hay quien espabila.

 

Después supieron que, en efecto, no era multitud, sino grupo dispuesto de uniformes de trabajo pero, no de multitud, por cierto, sino, apenas, de algo así como una peonada para el descapote de una era, manga, solar o lote.     

 

Aquí termino porque lo demás no importa.

 

 

 

Montero Mitsubishi.

 

 


[1] Sobre si la estampa descrita genera o no desazón, melancolía, o vergüenza, ver mi ensayo ad hoc: “La Indumentaria del Alma”, diario El Comercio, edición sábado 27 de abril de 2002, Quito, Ecuador.

[2] Pero, por otra parte, era clarísimo que no había quien observara, ni lo habría, dado el carácter absolutamente marginal y anodino de la actividad que estaba próxima a iniciarse.

[3] Animal

Do you kayak? Yes, I do

Posted in Crónicas, Cuentos, Ensayo, General, Legales, Opinión on Agosto 6th, 2010 by admin – Be the first to comment

Do you kayak? Yes, I do.

 

Al zarpar navegar es más bien una cuestión física. Mientras te calientas, como dicen los deportistas, vas inconscientemente estableciendo si la máquina está bien sincronizada, por así decir, porque remar es la propulsión y la máquina eres tú.

Navegar es un acto egoísta, personal, mezquino, placentero, inútil…no siempre, no, pero sí cuando lo disfrutas. Remar, además, puede ser una forma de ejercitarte mientras navegas, pero no lo haces por ejercicio sino por la parsimonia de navegar, cuestión en la que el agua puede estar quieta y en la que puede o no haber viento, brisa, ventolina, fresco, o huracán.

Llegados a este punto ya se entiende que esto no se escribe para ser leído y que puede dejarse, porque lo que sigue es completamente impredecible, no una reiteración, sino algo importante. Un ensayo náutico señores. La velocidad es de aproximadamente 7 kilómetros por hora o 3.7 nudos. Y sí, se trata del mismo kayak en el que se origina el título pretensioso y presumidamente intelectual de este blog, con la única diferencia de que ahora se navega en la  Laguna de Guatavita o Embalse de Tominé, o en el estudio donde se lo escribe. No da lo mismo, se trata de decir algo que suene inteligente y no de hacer inteligencia que ¡caramba! suena casi genial.[1]

Se avanza hasta el kilómetro 1 observando la selección brasilera de kayak que participará en los juegos suramericanos. ¡Cómo palean de rápido! Los de canoa indígena van arrodillados haciendo equilibrio porque sus barcos son delgados en extremo; parece forzado haber hecho de esto un deporte de competición.

Los dejamos atrás y, sin más disquisiciones, estamos navegando ¿Quiénes? Mis amigos y yo. Los mismos que salimos a navegar todos los sábados. Vamos y volvemos, a veces norte y después sur y a veces sur y después norte, en ambos casos con alguna figura geométrica entreverada y en referencia a las orillas; la oriental o la occidental, no hay más, dado que la laguna es muy alargada y no admite puntos cardinales intermedios como lo haría si tuviera forma de octaedro (lago en tercera dimensión) hexágono, estrella o figura humana como el lago Ontario.

¿Se acuerdan del comienzo del Tambor de Hojalata de Günter Grass? Un poco raro ¿no? Dicho sea de paso hasta ahí llegué, no me conmovió, no me sedujo, me jartó. Pero se me quedó en la cabeza como un sueño. De mis compañeros de navegación supe que hubo una película que no vi.

Pero creo que a semejante cosa llegué más bien porque estaba pensando, desde hace dos días que asistí a una conferencia con el autor, en el último libro de Fernando Vallejo, “El Don de la Vida”. Se trata de un diálogo entre dos viejos que están en una banca de la plaza principal de Medellín, en frente de la catedral. Hablan de lo que se habla en una banca en una plaza: de la vida, de la muerte, de sus cosas, gustos sexuales, de los vivos y de los muertos, de gramática, de lo que se habla cuando no hay un moderador que lo meta a uno en que “ahora vamos a hablar del pleistoceno” o “del roll del hombre moderno en la evolución del pensamiento contemporáneo”.

Vallejo demuestra que uno puede escribir lo que le dé la gana y como le dé la gana. Esto es interesante, no hay duda, el tipo es fluido, y dice cosas,  reflexiona. En cuanto a la forma como las transmite, pues es irreverente. Relata obsesivamente desde un narrador marica, amargado, desengañado. Esto le da fuerza al relato, es atrevido, quizá profundo, hostigante a ratos, repetitivo y… sí, se puede leer. Tiene humor, lo cual en principio parecería ser un accidente. Sospecho que el autor es menos lúgubre de lo que sus personajes y narradores hacen suponer. Aunque se las trae, el autor, digo, porque dice por ahí, para llamar la atención, que ningún escritor le gusta, que todo aquel que narra en tercera persona es un mal escritor o, por lo menos, un presumido, dizque porque ¿cómo hacen para saber lo que otros están pensando o haciendo, si no han estado en el lugar de los hechos?  Bonita y simpática cuestión literaria ¿cierto?

Por otra parte me parece que exagera su condición de homosexual, el narrador, el cual en algunos casos llega a exaltar, peligrosa, inmoralmente, la pedofilia, aunque con la doble intención, parece, de vomitar ésta y otras porquerías del género humano. No así el autor, que es un intelectual, un literato, músico, un diletante científico, un observador, un amante de los perros, un peleador, un defensor de los verdaderos valores, una persona que entiende lo que debería ser un mundo digno y correcto, pero que lo ve como es en algunas de sus facetas: una verdadera mierda. Pero da la sensación de que se regocija creando una confusa simbiosis con su narrador predilecto. Quizá podría ser más higiénico en ese sentido, sin perder categoría como niño, o filósofo, travieso en las letras.

Sin embargo, parece obvio que sí ve la otra cara de la moneda, al menos en los perros, porque si no ¿para qué tanta alharaca?  No se hace una desesperante, inteligente y profunda disección de la mierda para decir que huele a feo. Porque eso es así y punto y no  puede ser de otra manera. En cambio, aquel que se va con todo contra el olor a podrido en la cocina es porque tiene la esperanza de que huela de otra manera. Aunque para ello tenga que declararle la guerra a muerte a todas las putas cocinas que en este mundo hayan sido y serán, en las cuales solo se encuentran cáscaras podridas, carroña y yemas secas de huevo sobre platos asquerosamente humedecidos con miel de abejas fresca y escupitajos de tuberculosos.

Sin entrar, por supuesto, en todos los crímenes y bajas pasiones que se han urdido o ejecutado en las cocinas y en los actos detestables que han cometido ilustres jefes de cocinas, empleados, chefs y dueños de hotel. Y, claro, a los dueños de famosas cocinas no les gusta publicar los crímenes de los cocineros, ni los anecdóticos esputos del barman en el campari de “ese cliente”, ni enumerar los degüellos de niños con champetas afiladas cuyo uso primigenio es cortar carne de res muerta o sacar porciones adecuadas del plátano maduro.

En la obra de Vallejo, en la poca que he leído, hay un saludable desquite contra la hipocresía, contra el poder, contra la iglesia, contra Dios, todo lo cual percibo como un mismo objeto narrativo. Le emberraca tanta exaltación de cosas mentirosas y su furia es el aporte. “Y ahí se los dejo, partida de güevones, para que hagan o digan lo que quieran. A mi no  me miren, que yo no tengo la culpa” parece decirnos.  

En fin, está bien, cada cual puede y debe escribir con fuerza, para hacer reflexionar, para divertir, para discutir, para crear. Con todo, la diatriba contra la iglesia católica resulta a la larga un poco insulsa, porque no es contra los principios o creencias de esa institución (contra Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo) sino una enumeración de crímenes de sus miembros, frente a los cuales los jerarcas han tomado la actitud de callar y no divulgar, o de castigar con demasiada benignidad a los infractores, tal como han hecho tantas instituciones respecto de los crímenes de sus miembros cuando esto las convierte en blanco de agresiones externas. En esto, ha de reconocerse, la diatriba le sienta bien a la iglesia, pero no la descalifica como institución. La descalificaría que, sabiendo que todo es embuste, haya metido a media humanidad en un sartal de miedos, mentiras, dioses, sacramentos, cielo, salvación, purgatorio, infierno, etc. Pero no tenemos, o no se nos ofrece, la prueba de que todo haya sido urdido por “todos ellos” para ejercer el poder, aunque éste sea uno de los efectos más notorio de la iglesia. De hecho parece que hay muchos que comparten sinceramente sus enseñanzas y les hace bien y hasta debe reconocerse que ha hecho cosas buenas para grupos, naciones o momentos históricos. Encuentro mucho más útil, para el debate de fondo, obras como la de Fernando Savater “La Vida Eterna” o la de Umberto Eco en diálogo con el obispo de Milán, “¿En qué creen los que no creen?” o “Manual de Ateología” de 16 personalidades colombianas, o “Las intermitencias de la muerte” de Saramago. Lo de los curas cacorros, ladrones, manipuladores o asesinos, es tan  condenable como la desviación de cualquier adulto con ascendencia que termina en esas, pero como argumento filosófico resulta mediocre. Es como decir que tanto padre violador de sus hijas hace condenable la paternidad.

Vallejo me trae a la memoria un gran narrador, igual o más irreverente, dada la época en que se publicó, Henry Miller, en quien también encuentra uno alguien que llega hasta el fondo de la hipocresía por la vía de ponernos de frente y sin tapujos contra lo que podríamos pensar si estuviéramos solos ante la película de las sutilezas e intimidades del género humano. En esto hay un mérito y se cumple una función, con tal de que no se confunda el objeto de la coprología médica con el pastel para el lienzo.

Por otra parte, a pesar de que está fascinado con el tema de la muerte ¡quien no! Y ha jurado no volver a escribir sino sobre eso, y a pesar de que contempla el suicidio ¡quien no! Porque, digo, la gracia de suicidarse o no es sabiendo que la opción existe y es físicamente fácil y no porque ¡calle esos ojos, Jesús Credo! Pero, a pesar de tanta trascendencia, se nos deja venir también con una obra maestra del humor, algo muy vital, muy poco suicida, como “Manualito de imposturología física”, en la que se burla a fondo nada menos que de Newton ¡virgen santísima! Hay que tener muchas ganas de joder ¡que los muertos no joden! para semejante aventura tan divertida.

Pero bueno, basta ya, estamos es navegando a remo, no haciendo crítica literaria.

Pasada la playa del pueblo, entrados y salidos del el extremo nororiental y habiendo girado 180 grados para otra vez seguir al norte, vino la cuestión de la autoridad, que al fin y al cabo es fundamental en la navegación, en la cual babor es babor y no izquierda. Un tipo con escopeta utiliza un silbato para hacernos saber que hasta allí podemos llegar porque hay unas barreras adelante. Pero no tiene en cuenta que las tales barreras permiten pasar, pues no son continuas. Le explicamos a grito limpio que las barreras son para que no pase el buchón y que él, que es su guardián, está para evitar que se roben las barreras y no para reglamentar el uso de la laguna.

Pero ¡qué ingenuidad! Si todo aquel a quien se le encomienda una labor crea una ley. Todo ser humano es un legislador. Este guarda entendió que si el debía cuidar que no se roben las barreras lo mejor era crear la regla, la norma, de que nadie podía pasar de ese punto. De ahí el silbato y la escopeta. Porque claro, es de sentido común que la mejor manera de evitar que se roben las barreras es prohibiendo que cualquiera llegue hasta ahí. Igual hace el vigilante de los carros de los invitados a una fiesta. El tipo, por sí y ante sí termina prohibiendo que pase cualquier persona por esa calle. Lo cual, dicho sea de paso, siempre le parece magnífico al oferente de la fiesta y a los dueños de los carros. El único problema es que esa actitud constituye un abuso frente a los usuarios de la calle o de la laguna.

Pero así es la cosa y todo el mundo lo hace. Por ejemplo, la Corte Constitucional recibió el mandato de hacer un control de forma, de procedimiento, sobre los actos que reforman la Constitución Política. Pero a ella le pareció, hace unos años, no de ahora, que eso no era suficiente y decidió que también podía hacer algunos controles de fondo. Como es obvio, a los que no estaban de acuerdo con la reforma objeto de análisis les pareció  genial, natural,  conveniente, sensato, jurídico, profundo, que así se hubiera hecho. Y hubo aplausos, editoriales, palmaditas en la espalda, artículos, tratados, explicaciones, y conferencias que demostraron que así era la cosa. Y así es ahora. Punto.

A la Corte Suprema de Justicia, por su parte, le pareció que el mandato constitucional de elegir un fiscal de una terna propuesta por el presidente de la república no es lo que ella debe hacer, sino que debe agregarle que, además, los miembros de la terna deben ser penalistas, inteligentes, buenas personas, ágiles, no amigos del presidente, inmaculados. ¡Bravoooo! Grita la tribuna, como debe ser, que la ley no puede cumplirse o incumplirse así no más, debe ser interpretada dentro del sentido y contexto de la constitución política y la democracia y el sentido común y la justicia y la claridad y la transparencia y la ética.

Por su parte, el director de aduanas tampoco se puede quedar atrás ¡NADIE SE PUEDE QUEDAR ATRÁS! Y, por lo tanto, él también echa una circular agregando deberes a lo que dice la ley, el decreto y el reglamento. ¡Bravoo! Gritan los industriales a quienes la medida beneficia ¿Qué es ilegal? ¡Pendejadas de los contrabandistas! Y así puede ser.   

Lástima que estemos navegando en kayak y remando, además, lo cual implica que tenemos las dos manos ocupadas y, se comprenderá, no estamos para consultar documentos o entrar al la web para sustentar estos pensamientos que, por tanto, se mojarán con la próxima ola que se nos meta por la espalda y quedarán por ahí, en la laguna, o en los montes cercanos, o en el fondo, o serán alimento para esos monstruos de aguas frías como el narval, el tiburón de los polos, el oso polar, las focas o los microorganismos de menos 50 grados Celsius, si es que existen y habitan en estos parajes.

Pero reflexiones veloces al fin y al cabo, sensaciones oníricas, ramalazos en el rincón de las neuronas destinado a estos efectos, y pasan muy rápido, de tal manera que no logran concretarse en un tratado o tan siquiera quedar escritas, sino que ¡zas!, como un pez volador, como el paisaje mismo o como el cansancio de este actividad deportiva tan desprovista, tan prolija, tan entusiasta, tan bonita, tan adjetiva.

Hablando de cansancio, es muy factible que haya alguna glándula, no gónada,  que produzca algún tipo de exaltación del ánimo o embriaguez, porque llegando a la Isla Norte, el profesor Gordon empezó a declamar, a gritar, que el podía comandar los elemento o crear ahí mismo una roca si le daba la gana o, que, en todo caso, podía decir y pensar, pero especialmente decir, porque pensar es tan íntimo que todo el mundo puede, lo que él quisiera, de tal manera que dijo que en términos cervantinos podía proclamar que era un hideputa, o que iba a aprender una serie de trucos para realizar en el kayak y gritaba y gritaba y seguía remando con pasión, primero exagerando el movimiento, pero después en una franca locura gestual acompañada de improperios y maldiciones, para dar paso a unas sinceras y sonoras carcajadas. No se en qué momento, pero lo cierto es que entre las carcajadas empezó a disparar los remos, los cuales, aunque parezca increíble, tenían un dispositivo como de fusil y de a tres tiros por cada extremo, de manera que ¡Pann! Un tiro por un lado y ¡pann! Otro tiro por el otro lado, con la precaución, debe reconocerse, de que lo fogonazos salían siempre del lado del remo que estaba en la parte alta, en previsión quizá de no volarnos la cabeza a ningún de nosotros. Y uno más ¡PANN!, y otro ¡PANN! Y se reía a carcajadas festejando su ocurrencia.

Navegar pues, es divertido. La última parte tocó con olas de través. Enormes olas de hasta 40 centímetros, ¡qué barbaridad barbarita! Y eso que ahora, en esta época, la laguna está baja por el verano y han aparecido islas, troncos enterrados, remedo de muelles o quioscos de otras épocas, cosas así. ¿icebergs? No gracias, no los hay en la laguna, pero si graniza puede que en la playa se acumule el hielo y ahí te he de ver resbalando y maldiciendo, como en Groenlandia.

 

Fin.

[1] Pero esto no debe tomarse como una seudo profundización del escritor ni como una obra maestra del navegante. Es solo una salida, una influencia. Bueno, es que estoy borracho ¿ahora sí puedo seguir?


Sobre correr y escribir. Murakami

Posted in Ensayo on Julio 6th, 2010 by admin – Be the first to comment

Hoy encontré el autor que entiende el trote (a lo colombiano, no en acepciones cubanas o españolas en las que significa hacer el amor) y además lo ha incorporado a su vida no solo como cuestión deportiva sino como referencia filosófica, con una gran claridad intelectual.

 

A riesgo de ser pedante debo confesar que yo había intuido que así eran correr, la bicicleta y el kayak, que son deportes solitarios de largas distancias y de mucha reflexión. No porque durante su práctica se reflexione de una manera evidente o positiva, sino porque lo hacen a uno un ser más reflexivo.

 

Haruqui Murakami dice cosas impresionantes, como que correr y escribir son formas de ir desgastando el físico y el espíritu hacia la muerte, pero lo manifiesta de una manera tan natural y convincente que no genera temor sino una extraña apertura hacia la vida con toda su grandeza de pasar y morir. No se corre, dice, para vivir más y, ni siquiera para hacerlo mejor, sino por una cierta personal satisfacción, emparentada con la escritura.

 

De la escritura resulta una lucidez inútil, dado que se trata de un acto íntimo, personal, que solo produce efectos de una manera tan mediata, tan abstracta, que no se puede percibir como causa de cosa alguna. Igual sucede con el arte de correr, dado que su inutilidad es evidente y sus efectos son, por lo menos, contradictorios. Pero los corredores nos entendemos en cuanto la experiencia nos hermana, tal como sucede entre escritores, aunque entre estos no sea de una forma tan desprevenida, pues al cabo la escritura pertenece a lo intelectual y, por tanto, se tiende a considerar como una muestra de fuerza interior, como algo que puede compararse, con toda la carga de celos e ínfulas mal o bien disimuladas, al paso que correr largas distancias, que es de lo que realmente estamos hablando, constituye una introspección, una especie de oración,  una compenetración entre el cuerpo y el yo, por y para el yo; quizá algo egoísta, sí, pero no de manera competitiva con los demás,   salvo en niveles de altísimo rendimiento y exposición mediática.

 

Dice Murakami que escribir una novela es una actividad física de concentración y constancia, sobre la base de un talento, claro, igual que correr.

 

La soledad del kilómetro 16, con la respiración, el cansancio y la determinación, es perfectamente comparable  a la situación del escritor que lleva meses en el desarrollo de su novela y sabe que aunque tiene resuelto sus problemas sustantivos aun debe mantenerse en un ritmo y una fuerza constante, so pena de perder el sendero o, lo que es peor, sucumbir al esfuerzo y al vacío de la ausencia de retribución; porque ni se corre ni se escribe para recibir algo a cambio, si bien en uno y otro caso pueda suceder que, sin desnaturalizar la actividad se termine recibiendo una especie de remuneración a cambio de lo que se hace; pero, en todo caso, no se hace ninguna de estas actividades para obtener dinero. Es como decir que se piensa para obtener una remuneración. ¡Absurdo! Porque entonces si no hay compensación uno dejaría de pensar, lo cual todos sabemos que no sucede. Igual es con la escritura o con correr.

 

Por otra parte, leyendo al maestro he comprendido o reafirmado ese sentimiento de que puede y debe haber una poesía de la disciplina. Para mi es como una fase superior de la edad adulta, posterior a la aceptación del trabajo. Cuando se es joven no se aprecia o, al menos en mi caso, no tuve la certeza del trabajo como realidad humana, sino bien entrado en la madurez y, sin embargo, al asir esta dura realidad, al verla, y solo a partir de ese momento, pude sentir la libertad dentro de mis ataduras. 

 

Las aves tienen que volar porque esa es su condición, pero cuando lo entienden y lo aceptan, pueden disfrutar poéticamente, es decir, en libertad, de la maravilla del vuelo y de todo lo que las alturas, con el efecto viento y panorama implican. Algo así nos aportan las actividades que nos son consustanciales cuando no solo nos podemos observar en ellas, sino que las hacemos parte de nosotros.  

Dani nos cuenta sobre el mundial de fubol

Posted in Ensayo on Julio 6th, 2010 by admin – Be the first to comment

Futbol en el campeonato mundial. Junio 25 de 2.010.

 

Como había tanto ruido en el estadio porque todo el mundo sopla unas trompas de cartón llamadas vuvucelas, salí corriendo sin importarme el marcador del partido y comencé a correr por una calle que finalmente me llevó fuera de la ciudad. Cuando estuve en el campo me acordé de que en África hay animales demasiado grandes y que uno no puede enfrentarse a ellos sin escopeta, por lo cual me devolví rápidamente, pero como no tenía brújula me perdí.

 

Las noches en las sabanas de Suráfrica están llenas de ruidos de animales y, además, podía haber arenas movedisas. Aunque estaba asustado mantuve la calma y me acosté al lado de un árbol a esperar que amaneciera. El frío era intenso y, además, empezó a llover y los mosquitos zumbaban peor que las vuvucelas. Sin embargo, como no había nada que hacer me enrollé sobre mi mismo y estuve quieto toda la noche.

 

Cuando amaneció oí el rugido de unos leones, pero no me vieron y, además, no tenían hambre porque se comieron una jirafa y dos gacelas. Me fui al rio para examinar si había cocodrilos y como no vi ninguno me puse a nadar y después me lavé los dientes con el dedo.

 

Al rato apareció un hipopótamo con una boca enorme y unos colmillos grandes, pero no me atacó porque yo no me asusté y lo traté como si fuera un chigüiro, que es un animal parecido que existe en las sabanas de los llanos de mi país. Aunque yo no los he visto de verdad a ninguno de ellos, si he visto fotografías y dicen que su carne es muy sabrosa, pero en mi casa mi mamá no la prepara ni siquiera los días de fiesta.

 

El hipopótamo se encariñó conmigo por un rato, pero cuando apareció la mamá yo salí corriendo y entonces encontré la carretera y me di cuenta de que había unos policías que me estaban buscando y todos mis amigos estaban ahí muy preocupados porque creyeron que me habían matado los huligans que andaban por la calle enloqueciendo a todo el mundo.

 

Cuando les expliqué lo que me había pasado se tranquilizaron y todos regresamos al hotel a desayunar. Los policías dijeron que no debíamos salir solos por el África porque es peligroso, en especial si uno no tiene brújula y uno de ellos me regaló una con un reloj.

 

Al día siguiente preferí usar unos tapones para los oídos para que el ruido de las vuvucelas no me obligara otra vez a pasar la noche fuera del hotel con todos eso peligros.     

 

Sin embargo, me di cuenta que si uno no oye se siente en otro mundo y además después de una aventura tan grande ya no me sentía bien viendo un juego de futbol, lo cual es un juego y yo había estado en la selva como en las películas y no me concentraba en el juego. Mi papá se dio cuento y me dijo que después del partido me llevaría al zoológico de la ciudad.

 

Cuando llegamos yo vi otro hipopótamo y como era igual al que me encontré en el río el me miró como un amigo. Yo creo que era pariente de ese y me pareció que debían soltarlo para que fuera al rio a reunirse con la mamá, pero el guardia no lo dejaba salir.

 

Mi papá me dijo que el zoológico es como un hotel para animales pero le contesté que él no podía ir a pasear como yo hice el día anterior y que entonces no era lo mismo.

 

Yo creo que en África hacen buenos juegos de futbol pero creo que los animales deberían ser libres como todo el mundo y por eso de ahora en adelante voy a tratar de influir para que los liberen, así tenga que escribirle cartas al presidente.

Sobre Murakami

Posted in General on Julio 6th, 2010 by admin – Be the first to comment

Junio 28 10

 

Más sobre Haruki Murakami.

 

Su libro resulta motivacional porque parece espontáneo, honesto. Esto hace la diferencia entre la gente que pretende “descubrir” los resortes de la motivación para cumplir con un articulito en una revista y, por tanto, nos ofrece un sartal de lugares comunes, y los que son ejemplo y hacen aportes. Murakami nos habla desde el fondo de una experiencia, la cual comparte, se nota, porque le sale de adentro; porque la escribiría aunque no tuviera lectores.

 

Sus tiempos en los eventos deportivos son de “gente como uno”, es decir, si bien el tipo es bueno, lo es a nivel recreacional. Nadie con un record de 3 horas 30 ganará siquiera una maratón de barrio, a lo sumo clasificará para una maratón de Boston, para la que se exigen tiempos mínimos previos. Pero esto es lo de menos, lo que ha llamado poderosamente mi atención es que me hace sentir parte de un grupo: los que trotamos en serio, es decir, los que somos capaces, de cuando en cuando, de salir a “sentir” quince, veinte, y hasta los cuarenta kilómetros ciento noventa y cinco metros de una maratón. Para esto, cualquier iniciado lo entiende, es requisito tener una disciplina de entrenamiento que implique al menos dos o tres salidas a la semana que incluya, por lo menos, una de diez kilómetros.

 

Más allá de la ego satisfacción de poder decir que uno trota 10 kilómetros sin ningún misterio y que ha completado varias maratones, lo que resulta importante, aunque todavía no se la razón, es sentir que se ha llegado a una categoría de gente esforzada y que se lo ha hecho por propósito y mérito propio.

 

No, no es esto exactamente lo que quisiera compartir. He ingresado en un terreno del cual no conozco la salida y, por lo tanto, estoy confundido. Por una parte, suena como si estuviera cobrando por méritos, por ser una especie de héroe, un sujeto digno de admiración y, por otra, quisiera poder transmitir el mensaje de que soy parte del grupo pero no para ostentar, sino que siento la necesidad de compartir que soy miembro del grupo con independencia de mis propósitos o entrenamientos, porque los que practicamos el jogging, trote o footing no lo hacemos para lograr cosa alguna, ni realmente entendemos nuestro actuar. Se trata, quizá, de la emoción que siente quien descubre que algo que intuía que podría tener filosofía de vida realmente la tiene, aunque no lo parezca y aun cuando la explicación suene un tanto circular, ingenua o, lo que es peor, filosóficamente barata.

 

Pero, ¿No son así la mayoría de las cosas de la vida cuando entran al campo de la explicación de conductas? Claro, en algunos campos la perfección que se ofrece a los demás es la filosofía misma de la conducta, como cuando admiramos y justificamos una bailarina, un cantante, un artista en cualquier tema, o incluso a los deportistas. Porque no parece satisfactorio explicar que lo de la fascinación por el futbol es por la competencia, eso sería baladí, hueco, carente de sentido. Nótese que poca gente iría a un estadio a presenciar un campeonato mundial de futbol entre jugadores sin categoría, sin dominio del balón; nadie presencia los partidos de potrero, aunque en ellos estuvieran implicados los símbolos patrios de cualquier nación. Se va al estadio o se enciende la televisión por el arte y, una vez definido el asunto en cuanto aproximación y búsqueda de la perfección (arte) se anima el espectáculo con la competencia, porque tenemos dentro la infantil emoción de las comparaciones.

 

En fin, Murakami pone al mismo nivel la escritura de novelas extensas al jogging de larga distancia, y lo hace bajo el argumento no explicito, sino más bien como relato, de que esas dos actividades han sido parte integradora de su desarrollo personal y le ofrecen sustento de reflexión y un ancla vivencial.

 

….0….