Correr en la selva (palabrería dizque feroz, babosada grandilocuente ¡qué miedo!)

 

Salir a correr es exactamente igual que hacerse a la mar y navegar. Ambas cosas son de una infinita inutilidad y, por tanto, capaces de encender una desbordada pasión existencial.

Se trata de una retirada de lo racional para bucear en las profundidades de nuestro mundo animal y en la sincera aventura de identificarnos con las bestias de las sabanas africanas. Como ellas, nos regimos por el instinto, el hambre o la furia; nada de elaboraciones perturbadoras como justicia o cambio ¡NADA!

Se corre por ahí como un chacal o como un búfalo asesino, para saciarnos de palpitación, para buscar una presa y destazarla a mansalva, para procurar el apareamiento después de derrotar sangrientamente a tres rivales de gríseas garras y colmillos de baba.

Lo único que nos atrae es la desolación de la palabra, la fiebre de la poesía, la hecatombe inmarcesible y torpe del atardecer, espejo de oscuros dioses que ya devoraron la placenta de quien los parió para hartarse de odio y aprender del gusto por el banquete de la traición y el trueno.

Volvemos con angustia y recelo a la manada para cuidar el egoísmo y enfrentar la muerte del poder absoluto dispuestos a mancillar a cualquier criatura que fastidie nuestro nauseabundo tedio estival lleno de moscas y parásitos. Como leones o cocodrilos en el barrial del Serengueti.

Cuando se corre se potencia la fuente física de la vida, a través de los golpes del corazón y se hace evidente que funciona y que de ello depende todo. Es un retumbar de catacumba, un fuego, un mazo de potencia, de gruta, de sima, un piélago circular que no lleva a ninguna parte, igual que una catedral gótica, que una catarata o un dinosaurio enorme. Como una roca infinita en la que nos reconocemos como explosión del universo. Como maldita sea el primer instante, como puta vida que te dio felicidad, como granuja despreciable sobre el asfalto.

El polvo del camino, como estela silenciosa del corredor del Kilimanjaro o del Cerro de la Virgen nos quiere envenenar, pero antes de matarnos ya lo esperamos como el diablo o como el ángel a la lucidez, esto es, con daga en la mano y escudo en el pecho y rayos inefables en los ojos del tiempo.

Se sale a correr solo por el gusto primario de no dejar sin venganza la línea de la carretera…

Pero, cuando regresas escuchas a tu hija, niña inocente, comentar a una amiga que su padre hace jogging en el parque, tranquilo y pacífico, todos los días.

Ag 6.

El Café

Bogotá, mayo
Primer informe de administración.
Divulgador: Ramiro Araújo Segovia
Atendiendo el claro mandato recibido de la Junta Directiva, a continuación informo y doy razón de las primeras medidas tomadas para cumplir el propósito de reingeniería de procedimientos relacionados con el necesario control, seguimiento y logística práctica, bajo estándares usualmente aceptados, que deben aplicarse al flujo de productos sensibles que se utilizan en esta oficina, atendiendo no solo al concepto de materias primas e insumos, sino también a la misión de responsabilidad social que forma parte esencial de la mística empresarial de esta organización, según aprobación ISO, debidamente autorizada y certificada por INCOTEC DE COLOMBIA S.A.
El Café.
1. Introducción.
El café, por sus connotaciones estimulantes y de aporte a la vigilia (la vigilia es materia prima o insumo de todo proceso intelectual ) debe ser un producto de reparto generoso en las oficinas de abogados y, por tanto, es indispensable diseñar un procedimiento que agilice, bajo garantía, el acceso de todos y cado uno de los directivos y funcionarios de la organización al consumo de tan preciada bebida.
2. Estado de la cuestión.
Después de una etapa de observación cuidadosa durante90 días y noches se pudo establecer que la empresa carece de un manual confiable y avalado, que garantice el consumo de café, especialmente en taza, pero sin que esto constituya un preconcepto ni obstáculo para la logística de la cadena intra oficina, desde el recibo del café ya molido y listo para preparar porciones líquidas personales, hasta su degustación satisfactoria por el personal permanente o transeúnte que lo solicita con avidez.
3. Metodología.
El manual confeccionado se basó en la siguiente metodología:
3.1. Definiciones
3.2. Antecedentes
3.2.1. Directos
3.2.2. Indirectos
3.2.2.1. Con ínfulas
3.2.2.2. Sin Ínfulas
3.2.3. Mediáticos
3.2.4. Modernos
3.2.4.1. Amanerados
3.2.4.2. Maricones
3.2.4.3. Otros
3.3. Investigación de campo
3.4. Campo de la investigación
3.5. Averiguamiento
3.6. Pesquisa
3.7. Indagación
3.8. Encuesta
3.8.1. Depuradas
3.8.2. En bruto
3.8.2.1. Sin metodología certificada
3.8.2.2. Con metodología certificada
3.9. Estado de la cuestión
3.10. Aseguramiento de las evidencias
3.10.1. Evaluación de las evidencias evaluadas
3.10.2. Estandarización de los resultados
3.10.3. Definición de criterios de prospección de la evidencia
3.10.4. Creación de la matriz ponderada
3.10.4.1. Macro ponderación
3.10.4.2. Micro ponderación
3.10.4.3. Matriz sin ponderación
3.10.4.3.1. Guiada
3.10.4.3.2. Caótica
3.10.4.3.2.1. Yuxtapuesta
3.10.4.3.2.2. Imbricada
3.10.4.3.2.3. Machimbriada
3.10.4.3.2.4. Desvergonzada
3.10.4.3.2.5. Ambivalente funcional
3.10.4.3.2.6. Ambivalente disfuncional
3.11. Prolegómenos para un ante proyecto de prólogo metodológico
3.12. Proyecto de prólogo metodológico
3.13. Prólogo metodológico
3.14. Metodología final
3.15. Evaluación de prueba
3.16. Evaluación final
3.17. El manual
4. Manual para el suministro de café al personal directivo, funcionarios, empleados, clientes, visitantes, y, en general, para quien desee consumir café en la empresa.
4.1. Terminología
Acompañamiento: cualquier alimento, droga o cosa que pueda consumirse por un humanos durante la ingesta de café.
Asuntos cafeteros: lo que conviene a la adecuada producción, mantenimiento de existencias, comercialización y degustación in situ del café.
Café: Una bebida tan negra como la tinta, útil contra numerosos males, en particular los de estómago. Sus consumidores lo toman por la mañana, con toda franqueza, de una vasija, jarra, o copa muy grande de porcelana que pasa de uno a otro y de la que cada cual escancia y toma una porción completa. Está formada por agua y el fruto de un arbusto llamado bunnu. (Léonard Rauwolf) En Colombia lo llamaremos tinto o tintico. Para extranjeros o en otros países lo llamaremos café. Hoy en día se toma en tazas individuales y no se utiliza para los males del estómago; por el contrario, se ha propagado la idea, sin base científica conocida, de que puede generarlos cuando se consume en exceso.
Complemento: componente o insumo que se agrega al café ya diluido en agua, bien sea por medio de cucharita o por infusión, con el propósito de endulzar, morigerar amargura si la hubiere o así se percibiere de manera real o subjetiva, blanquear, o saborizar hacia leche de vaca o artificial, en ambos casos líquida o en gránulos.
Cantidad: número de unidades comercializables de café ya preparado.
Entidad reconocida: la organización, con personería jurídica, constituida por los actores del café o delegada por éstos, encargada estatutaria o legalmente de velar por el cumplimiento de los asuntos cafeteros.
Función greca: personas naturales o jurídicas que laboran directa o indirectamente en la preparación del café, pero también en su servicio o reparto o en áreas laborales afines, concatenadas o integradas.
Inventario nacional: cantidad ponderada por período, de las existencias de café en grano ya sometido a torrefacción u otros procesos anteriores o posteriores que permitan la molienda y empacado, con independencia de la marca o comercializador.
Inventario local: cantidad ponderada por período, de las existencias de café ya molido y listo para mezclar con agua caliente que existe en la oficina, según certificación debidamente notarizada.
Oferente de café: la persona con sitio o cargo en la oficina, con capacidad formal o reglamentaria, sea por costumbre, tradición o norma, de ofrecer a propios o visitantes la ingesta de café.
Oficina general: casa, construcción o conjunto de pisos pertenecientes, administrados, o a disposición, de una empresa o persona, natural o jurídica. Cuando se haga mención a “oficina” y se generen dudas se entenderá que se hace referencia a ésta.
Oficina: lo que comúnmente se entiende por oficina en el lenguaje común. Por el contexto del reglamento se sabrá si se hace referencia a la oficina general o a la oficina de este inciso, pero para evitar confusiones siempre se utilizará la voz “oficina” y cualquier aclaración que fuere necesaria se hará según el criterio señalado en el inciso precedente.
Oficinista: persona natural que tiene a su disposición una oficina, habitáculo o espacio dentro de la oficina. Hay oficinistas grado “a”, “b” y “c”. Cada metro cuadrado de oficina otorga un punto. Los 2 oficinistas con más puntos son oficinas grado “a”, los 2 siguientes son grado “b” y los otros 2 son grado c”. Los demás oficinistas en principio no tendrán grado. Sin embargo, los puntos son libremente negociables, pero su negociación no tendrá validez sino a partir de la publicación de la inscripción del negocio en el libro que se llevará para el efecto por la secretaria elegida por el grupo secretarial de las secretarias de los oficinistas con grado.
Período: unidad de tiempo, generalmente un mes, durante la cual se calculan las existencias ponderadas de café disponible para comercialización o reparto.
Persona: persona natural. No incluye las denominadas personas jurídicas, con independencia de su carácter societario o no, ni los colectivos de abogados, las ONGs, las fundaciones, ni entidad alguna, civil o eclesiástica, a nombre de la cual se solicite un tinto o café. Si así se hiciere, se entenderá que el café está destinado a quien solicita el café a nombre de la persona jurídica y, por tanto, no se hará trámite alguno para establecer la existencia legal del ente jurídico. Él peticionario persona natural será considerado beneficiario y sujeto único del pedido, con todas sus consecuencias finales o de trámite, sin perjuicio de que frente a solicitudes plurales se entienda y ejecute la orden de allegar el café a las personas naturales que acompañen físicamente al solicitante, sin que se pueda pretender o considerar que el café será degustado por la persona o personas jurídicas a quien dicho acompañante pudiera representar de hecho o por razones jurídicas.
Propio: persona que labora en la oficina, con o sin título profesional, sin importar su jerarquía o pretensión salarial, con tal de que tenga, en forma permanente u ocasional, situ dentro de la oficina, pero que no sea visitante.
Situ: lugar o sitio donde se degusta el café
Solicitante: quien pide o acepta un café, con independencia de su rango, condición social, profesión u oficio, o de lo que haya determinado su presencia en la oficina.
Solicitud: acción de pedir café, la cual debe ser escrita, pero sin que necesaria u obligatoriamente deba incorporarse a un medio electrónico, hasta tanto se implemente un sistema informático adecuado y debidamente aprobado por un comité interdisciplinario que será reglamentado por la junta directiva . Incluye el ofrecimiento y la recepción tanto de visitantes como de propios.
Soporte: documento en el que consta cualquiera de las etapas del proceso surtido desde la solicitud (incluyéndola) y el consumo del café.
Verificación de inventarios: acción realizada por la entidad reconocida, por efecto de la cual se determina la cantidad de café disponible para un período
Visitante: persona natural que visita la oficina y que no tenga la calidad de propio, pero que se hace a un sito para degustar café.
4.2. La solicitud.
4.2.1. En general
La solicitud, en general, se enmarca dentro de los claros objetivos de suministrar de manera ágil y eficaz la degustación de un café, pero sin olvidar la preservación de pautas claras enmarcadas en la política de mantener siempre un seguimiento sobre el producto en cada una de sus etapas. Por lo tanto, se ajustará a las siguientes etapas generales: verificación de inventario, aseguramiento de la calidad, protección del consumidor, idoneidad de los intermediarios, control de complementos y planificación de acompañamientos.
4.2.2. Para visitantes
4.2.2.1. Ofrecimiento. Todo oferente, habitual u ocasional, deberá contar, previo al ofrecimiento, con certificación general o especial, que acredite inventario local y nacional
El oferente de un café, para efectos de garantizar el servicio y la obtención de la bebida, deberá tener al día la libreta general de certificación de inventarios que garantice el cumplimiento del trámite.
El personal autorizado, al recibir el requerimiento, verificará por vía de conmutación interna, telefónica o presencial, la clave previamente asignada que será prueba irrefutable de la autorización de generar ofrecimiento de café.
El personal autorizado cotejará cada hora, desde las 8am hasta las 6pm y según el movimiento de inventario acumulado de todos los oferentes, la afectación potencial del consumo frente al inventario nacional y tomará las medidas que considere oportunas, a efectos de, máximo en la primera hora del día siguiente, actualizar la base de datos del inventario nacional.
El personal autorizado inmediatamente realizado el cotejo de la autorización del oferente para su ofrecimiento, acudirá al personal de gerencia y control y pedirá la constatación numérica sobre la ficha designada para el efecto, en la cual se estampará por sello o firma, la autorización de validez o auditoría, confrontando la base de datos de los oferentes inscritos y sus cupos acumulados según las solicitudes acumuladas en los 5 días previos a cada solicitud.
Surtido el trámite supra anunciado, la orden de pedido será tramitada sin demora ante el personal de greca y recursos de complemento y acompañamiento, el cual se limitará a verificar única y exclusivamente los siguientes aspectos:
Que el inventario local ponderado esté dentro de los márgenes razonables previamente certificados y cotejados con el inventario nacional, de lo cual levantará recibo manual que enganchará en dispositivo diseñado para el efecto, del cual hará recolección el personal de auditoría cada 2 horas, para efecto de los trámites estadísticos indispensables para la planeación diaria.
Que el personal operativo esté disponible dentro de los 5 minutos siguientes al recibo de la requisición.
Que la temperatura y condiciones de color, sabor y granulación residual sean las adecuadas y levantará acta sumaria y manual asignando el número consecutivo que corresponda a cada pedido y lo enganchará a adminículo cercano al dispuesto para los recibos manuales de cotejo de inventario.
4.2.2.2. La recepción del café. De acuerdo con la organización interna y autónoma del anexo A-32 prv/nal 0007654 de la Cuarta Reunión de Trámites y Etiqueta en la Recepción del Café –ADLCRTERC- (pronunciado con el sonido del español “alter” en todos los idiomas) aprobada como anexo 17.987 por la quincuagésima segunda reunión especial de cafeteros antes de la desaparición del Pacto Mundial del Café, pero que ha sido declarada como norma consuetudinaria pare efectos protocolarios, y, así, elevada a la categoría de guía general de conveniencia, la recepción del café es libre y no se reglamenta.
Sin embargo, con base en la interpretación austera del artículo 38 realizada por ADLCRTERC, se recomienda, sin perjuicios que se puedan tomar, sin carácter sancionatorio sino correccional, las medidas adecuadas para el perfeccionamiento de la etiqueta del café –PEC-
Al recibir un café la persona deberá:
a) Abstenerse de estirar la extremidad con la que normalmente recibe objetos entregados por humanos y permanecer inmóvil de cuerpo pero haciendo un rictus forzado de sonrisa, al tiempo que murmura “gracias señora o señorita” o simplemente “muchas gracias”; además, casi que dirigirá la mirada a quien le suministre el café y, si ha lugar, el acompañamiento, pero sin llegar a concretar un intercambio de miradas.
4.2.3. De propios
4.2.3.1. Ofrecimiento. Para efectos de este trámite, a propios se aplicarán las ya señaladas normas aplicables a visitantes, pero, con el propósito de prestar un servicio ágil y sintético, de eficacia estadística, se tendrán en cuenta las siguientes exigencias de carácter obligatorio:
Cada propio deberá, dentro de los 5 primeros días hábiles de cada mes enviar por medios electrónicos, según reglamentación de carácter general que expida el comité interdisciplinario, en la cual se determinará su conformación y facultades, pero que mientras dicho comité se auto establece estará constituido por oficinistas grado “a” y 2 representantes de la función greca.
Con la información recibida de los propios, la función greca levantará una matriz de la cual se extraerá diariamente un máximo y un mínimo, dentro de los cuales se permitirán fluctuaciones de oferta y aceptación de café, las cuales pueden ser automáticas. Los propios que excedan los máximos podrán negociar con los que no alcancen los mínimos, pero, si el resultado final por 2 días seguidos sobrepasa los máximos o no llega a los mínimos, función greca convocará a reunión matinal para el siguiente día en que estén presentes los miembros del comité a efectos de tomar los correctivos que la situación aconseje.
4.2.3.2. La recepción del café. Se seguirán las reglas para visitantes, sin perjuicio de la tolerancia en actitudes que no violen lo esencial, ni generen desorden en la recolección de parámetros estadísticos.
4.3. Capacitación. Función greca, con la colaboración de 2 representantes de oficinistas con grado, organizará cursos de capacitación en aspectos tales como:
4.3.1. Botánica del café
4.3.2. Descubrimiento del café como bebida
4.3.3. Geopolítica del café
4.3.4. Principales clases de café
4.3.4.1. Arábigo
4.3.4.2. Del Quindío
4.3.4.3. Del Viejo Caldas
4.3.4.4. Del Valle del Cauca
4.3.4.5. Del Brasil
4.3.4.6. Vietnamita
4.3.4.7. Mezclado
4.3.5. La cata del café
4.3.5.1. La cata propiamente dicha
4.3.5.2. El olfateo del café
4.3.5.3. La degustación integral
4.3.5.4. La degustación parcial
4.3.6. Ocasiones para café
4.3.6.1. El café formal
4.3.6.1.1. En la política
4.3.6.1.2. En la diplomacia
4.3.6.1.3. En reuniones de oficina
4.3.6.1.3.1. Actitudes frente al café
4.3.6.1.3.1.1. Actitud de mundo
4.3.6.1.3.1.2. Actitud indiferente
4.3.6.1.3.1.3. Actitud equilibrada
4.3.6.2. En el deporte
4.3.6.3. Con extraños
4.3.6.3.1. Recién conocidos
4.3.6.3.2. Conocidos de confianza
4.3.6.3.3. Conocidos de circunstancia
4.3.6.4. En restaurantes llamados cafeterías
4.3.6.5. En puestos callejeros
4.3.6.6. En dispensadores automáticos
4.3.6.7. En o de dispensadores humanos
4.3.6.7.1. Con cilindro formal
4.3.6.7.2. Con simple termo
4.3.6.7.2.1. El termo de centro de ciudad
4.3.6.7.2.2. El termo popular
4.3.6.7.2.2.1. De obrero
4.3.6.7.2.2.2. De mecánico
4.3.6.7.2.2.3. De oficinista
4.3.6.7.2.2.4. De malandro
4.3.6.7.2.2.5. De carretera
4.3.6.7.2.2.6. De playa
4.3.6.7.3. Otros
4.3.6.8. En panaderías
4.3.6.8.1. Con periódico
4.3.6.8.2. Sin periódico
4.3.6.8.3. Con libro
4.3.6.8.4. Otros
4.3.6.9. En tienda
4.3.6.10. En velorios
4.3.6.11. En sala de espera
4.3.6.12. En restaurantes
4.3.6.12.1. El café como tal en horas distintas al almuerzo o la comida
4.3.6.12.2. El café después de las comidas
4.3.6.12.3. Con cigarrillo
4.3.6.12.4. Sin cigarrillo
4.3.6.12.5. En cualquiera de lo dos casos anteriores
4.3.6.12.5.1. Expreso
4.3.6.12.5.2. Americano
4.3.6.12.5.3. Capuchino
4.3.6.12.5.4. Otros
4.3.7. Conversaciones con café
4.3.7.1. Para conocerse
4.3.7.2. Para pasar el rato
4.3.7.3. Para esperar juntos
4.3.7.4. Con interés mutuo
4.3.7.5. Sin ningún interés
4.3.7.5.1. Amablemente
4.3.7.5.2. Con disgusto
4.3.7.5.3. Con odio
4.3.7.5.4. Con desidia
4.3.7.5.5. Otros
4.3.7.6. Para enamorar
4.3.7.7. Para terminar relaciones
4.3.8. En visitas por compromiso
4.3.8.1. Para pedir favores
4.3.8.2. Para cumplir un encargo
4.3.8.3. Para hacer favores
4.3.8.4. Para entregar un trabajo
4.3.8.5. Para negocios
4.3.8.6. Con la nobleza
4.3.8.7. Con la plebe
4.3.9. El café en solitario
4.3.9.1. Por muy temprano
4.3.9.1.1. Con lectura
4.3.9.1.2. Sin lectura
4.3.9.1.2.1. Con blackberry u otro adminículo de esa laya
4.3.9.1.2.2. Sin adminículo alguno
4.3.9.2. Por descanso
4.3.9.2.1. Con lectura
4.3.9.3. El café al levantarse
4.3.9.3.1. Con sueño
4.3.9.3.2. Sin sueño
4.3.9.3.2.1. Por costumbre
4.3.9.3.2.2. Otros
4.3.9.4. El café en la casa, en horas diferentes de al levantarse
4.3.9.4.1. Con lectura
4.3.9.4.2. Con música
4.3.9.4.3. Las dos anteriores
4.3.9.4.4. El café de meditación
4.3.9.5. El café en vacaciones
4.3.9.5.1. El café de piscina
4.3.9.5.2. El café de contemplación
4.3.9.5.3. Otros
4.3.9.5.3.1. En la playa
4.3.9.5.3.2. En el museo
4.3.9.5.3.3. Otros
4.4. Cartilla e instrucciones. Función greca y propios sin grado redactarán una cartilla operativa para la divulgación y mejor entendimiento de este informe, la cual será revisada y aprobada por los propios con grado y función greca o devuelta para correcciones, o rechazada. En este evento se contratará un asesor externo con el acompañamiento de la Federación Nacional de Cafeteros, el Fondo Nacional del Café y la empresa que se encarga de los establecimientos Juan Valdez.
4.5. Encuestas periódicas. Con el objeto de contar permanentemente con criterios de prevención, corrección y mejoramiento, función greca y propios, a través de 2 representantes de unos y otros, contratarán u organizarán con su personal, encuestas sobre todos los aspectos que consideren relevantes y publicarán gráficas y números útiles.
4.6. Asamblea general. Todos los actores mencionados en este informe serán convocados una vez cada año a una asamblea general, presidida por un presidente general elegido por propios y función greca, para debatir sobre las políticas que deban regir el siguiente período. Para el efecto, con la información recogida por función greca, se convocará mediante carta especial a todos los que hayan degustado un café en la oficina. Para propiciar, que no estimular, la asistencia, se anunciará y así se hará, la rifa de una carga de café pergamino entre los asistentes.

Atentamente

La administración.

Pablo

DE PEDRO A PABLO

Intermediario: Ramiro Araújo Segovia

Recordado Pablo:

Debo contarte que estoy totalmente curado y el psiquiatra me dio de alta.  Ahora ocupo el lugar que me corresponde en el mundo, sin complejos ni condiciones.

Por supuesto, hemos despachado más de 50 sesiones de terapia y he tenido que cumplir tres o cuatro programas para cambiar hábitos.

Por una parte, estoy comiendo menos, sin seguir ninguna dieta en especial.  Simplemente he adoptado “la religión” de jamás quedar lleno ¡que maravilla! Lo segundo ha sido abandonar todo pensamiento de protagonista, pero de esto quizá te cuente luego, no ahora.  En esencia, se trata de acomodarte pacíficamente como sujeto temporal, pasivo, gozoso y razonablemente aportante, pero limitado a “un granito de arena”…… o dos, a lo máximo.  Hemos hecho un inventario de logros por los que debo estar satisfecho.  Y ahora lo estoy.  Este doctor es una gran persona.  Me siento contento por haberlo conocido.  Por último, he dejado de escribir historias.

El médico me dijo que sentir ganas de escribir y no tener nada que decir es perfecto y normal, pero que, además, en mi caso particular, ya he escrito mucho.  Sea lo que fuere, me ordenó dejar de escribir y renunciar al título de escritor que tanto me halaga.

Tu sabes quizá mejor que nadie, con cuanta decisión y arrojo me dedico a las cosas una vez que descubro un punto de interés, por lo cual estoy seguro de que entenderás si te digo que ahora he descubierto un nuevo enfoque vital: no escribir.  El doctor me felicitó por esta decisión.

Te lo voy a contar en forma clara, con una que otra anécdota intercalada cuando sienta que ello es preciso para que esta enriquecedora experiencia que estoy viviendo sea una fuente[1] para ti también.

Bueno, pero no me malinterpretes.  No pretendo negarte el gozo de la utilización del idioma, que de manera tan intelectual nos permite el ejercicio de escribir, ni generarte angustia negativa, no. Sigue pues tus rutinas.  Esto que te cuento es personal, muy mío.  Tanto, que si lo comparto es solo porque se lo inteligente que eres y que le puedes sacar provecho a todo.  Además, ya sabes, a pesar de que no volveré a escribir, no quiero que pienses que soy indiferente.

Los primeros resultados concretos de esta nueva tarea, de esta nueva forma de vida, son los siguientes:

A)  Cuando llegas a una cafetería ya no sientes la compulsión de sentarte solo a leer, ni te sientes en la obligación de sacar un trozo de papel para describir la relación que existe entre esos dos señores, la cual, está claro, se evidencia inefable por lo gestos lentos del uno frente al otro, sin que lo sean de comunicación, sino formas del trato presencial entre personas que ya han pasado mucho tiempo juntos y durante muchas etapas de su vida.  Me aceptarás que se comportan en forma diferente entre sí dos ejecutivos que han tenido que viajar juntos a un proyecto, después de 15 días de estar en ello, a como se comportan cuando se sientan a hacer negocios por primera vez, o a como lo hacen cuando están cada uno con su familia.  La gente que ha compartido celda durante un año sabe a que me refiero.

B) Si lees un libro y la brisa que refresca el rostro de algún personaje melancólico te abre la imaginación para otras brisas y personajes, ya no tienes la obligación de tomar un medio de escritura para perpetuar la imagen dentro de tus circunstancias y experiencia.  En esto hay, sin duda, una liberación fascinante que te hace sentir la levedad que te mereces y de la cual te habías hecho esquivo por fuerza del oficio de escritor, el cual, además, quería enseñorarte del mundo para controvertirlo al menos como posibilidad narrativa, que es una de las especies más antiguas de revolución, trueque y pasión.

Ya tu sabes, es aquello de no dejar pasar tranquilo un tren, sino apropiárselo para cambiarlo por una locomotora vieja, humeante, atestada de carbón, que se anuncia con unos pitos y resoplidos, pero que tampoco son concretos, sino que pertenecen a varias de las películas que has visto, en las cuales el paisaje suave de la pradera cercada por lejanas colinas rocosas, es atravesada, por imperio de quien sabe quien inspiración, por una delgada línea que pronto es asumida por la máquina descomunal dentro de la cual rápidamente te hacen enterar que viaja una noble y emproblemada rubia con un destino precisado exactamente por un esbozo estético en movimiento captado para ti como espectador.

Tampoco tengo ahora ese deber obsesivo de cuadricular el tiempo y la realidad para desdeñar algunos de los cubículos pero asumir otros con la osadía de un observador perverso, un voyerista, por mencionarlo así, y ubicar en él a los tres jóvenes que se ríen viendo como son requisados los viajeros que entran a la sala de espera de un viaje en avión y someterlos, a los cubículos, a un viaje menos denso en cuanto a parafernalia técnica pero un poco más poblado de niebla bajo la óptica de algún escritor que suele ocuparse en extenso de ese tipo de cosas humanas.  Un Saramago, propongo, que requiere de más de 10 páginas para una primera exploración sobre la forma como un señor de 50 años, jubilado, emigrante, llega a un hotel de segunda categoría, pero aún con dignidad y gerente y botones y mucama, y realiza algunos procesos propios de su educación, estudios y situación ante la sociedad, que no haría un muchacho de veinte años que llegase a allí para presentarse a la universidad a la que se ha inscrito.

Ahora puedo oír tranquilo, otra vez, porque de niño ya lo hice, que hay monjes recluidos en un monasterio y casi confinados a una celda de paredes gruesas de piedra antigua, como las de la prisión de Edmundo Dantés, Conde de Montecristo, que como trabajo se dedican a cosas esenciales y básicas, como labrar la tierra unas pocas horas al día y el resto del tiempo lo reparten entre leer despacio, muy despacio, algunos pasajes bíblicos o de autores escogidos por el fundador de la comunidad, tales como Teresa de Jesús, y a orar.

Digo pues que ahora puedo escuchar tales relatos sin iniciar de inmediato la exploración denodada de la historia detrás del monje o, por lo menos, de las penurias de quienes construyeron la edificación en la cima inverosímil del gigantesco peñasco al cual sólo podrá ascender quien tenga autorización de los allí congregados.  De seguro, diría el escritor, que en aquellas húmedas y oscuras habitaciones convivirán el líder que impone la sabiduría ascética por verbo o reciedumbre ejemplar y el inculto que se arrima por ignorancia o comodidad.  Y no solo diría, sino que de seguro emprenderá un viaje absurdo y estoico para acercarse a esas extrañas convivencias y salir de allí, dirá, enriquecido por la milenaria historia de quienes renuncian al mundo para allanar a otros el camino hacia Dios, pero también para aceptar un debate sobre si hay un Dios que requiere que le allanen a sus hijos el camino a su morada o sobre si hubo monjes tan ambiciosos que enterraron vivos a los superiores de alguna época para años después gozar de tesoros o conocimientos.

Porque recordarás los dibujos en relieve de los jarrones de arcilla o porcelana, en los cuales evidentemente se nos ilustra sobre cómo algunos de estos monjes de riscos inaccesibles ya practicaban el paracaidismo por los años 650 a 1110 d.c.

Tu abuelo, viejo lobo de mar, curioso siempre y atigradísimo, en su célebre libro “Aires de Ascenso y Descenso en la Antigüedad”[2] nos explica que esos paracaídas eran fabricados con cuero liviano de camellos y otras bestias apacibles de las cercanías, a los que sometían a ardides de montañistas para adelgazarlos de tal suerte que el cuero fuera casi transparente pero aceitado, con lo cual, al morir el animal, se destazaba con habilidad, se retiraban las vísceras y con los mismos huesos se trataba dicha piel o cuero, hasta darle la textura que convenía.  Después de recolectar entre una docena o veinte cueros de estos, pasaban los monjes a trefilar lianas húmedas de plantas jóvenes con tripas de aquellas bestias para lograr cuerdas flexibles, pero resistentes, para hacer con ellas el parapeto para el direccionamiento del paracaídas y también colgar de allí el arnés o sillín en el que descendería meditando el monje.

En los rollos antiguos de los historiadores más confiables de la época dorada del paracaidismo desde roca en el área de los monasterios griegos y turcos se consigna con precisión digna de todo crédito, que en las tardes estivales, cuando las campiñas aledañas a las breñas monacales gozaban de viento fresco y visibilidad adecuada se podían divisar hasta 40 monjes planeando cual “aves benignas” disfrutando la paz del más dulce de los movimientos hasta ahora clasificados por el hombre”[3]

C) Si encuentran que algo no responde a un razonamiento crítico, ni se acomoda a la lógica elemental, pero que, sin embargo, se impone por sobre cualquier intento de argumentación, ya no te sientes en la obligación de plantear una explicación no racional pero sí fruto de la credibilidad sentimental.

Te liberas, por tanto, de explicaciones sobre el silencio de la historia tradicional sobre el paracaidismo anterior a Leonardo Da Vinci y dejarás el campo a los antropólogos o historiadores que sabrán, de seguro y sin titubeos, pergeñar recias disquisiciones sobre la autenticidad de las ánforas con relieves y rendirán sus elucubraciones y, en una cita de pie de página polivalente y bibliográfica, dirán si los etruscos también volaron o no.

La diferencia, por tanto, es clarísima y nos coloca en una situación psicológica avanzada, libre de pretendidas creaciones, para dejarnos gozar del frío, o del calor, sin condicionamientos racionalistas.  Y te das cuenta entonces de que no es indispensable pasar de los monjes voladores a los ogros paracaidistas que se peleaban en el Medioevo con los dragones y los arcángeles por el territorio inhóspito de los reconocimientos populares.

Es apenas natural, y no debería casi nombrarse, que el no escritor es un ser humano comprensivo y relajado, sin pendencias esquizoides ni artificios inútiles.

Porque no te importa ya si el paracaidismo fue cantábrico o griego, porque, claro, las posibilidades se reducen a la autenticidad de unas ánforas no sometidas a la prueba del carbono 14.

D) Desde el punto de vista empresarial, por otra parte, el ambiente que tu aportas al trabajo es de colaboración, de “dar y recibir”, de tratos “gana, gana” y no de la tensión propia que generan los escritores con su egoísmo inconmensurable, que todo lo quieren despojar de un sentido comunitario para personalizarlo hasta el extremo de pretender entregar nuevas verdades, como si con la verdad de la existencia y sus dificultades no fuera ya más que suficiente.

Así, no solo es sano para el espíritu, sino beneficioso para a la comunidad abortar toda toxina distorsiva, a lo cual siempre conduce la enfermedad de los escritores.

Porque, además, no se conforman con registrar los sucesos y, si acaso, acompañar opiniones, sino que pretenden replantear la vida para insertar paralelas que nadie ha solicitado.

Está demostrado que generan mayor valor agregado y son más competitivas las empresas, económicas o de las otras, en las cuales los escritores se han logrado mantener a una prudente distancia.  A contrario sensu, se ha podido establecer que las organizaciones, sociedades, países y gobiernos, en los cuales uno o más escritores han permeado la realidad, se hacen confusas, inclinadas al conformismo y, sobre todo, mucho más lentas en salir de productos caducos o de larga maduración.

Es el caso, para citar un ejemplo, de la fábrica de cámaras fotográficas Catton Inc of Japan, la cual presentó índices de ventas y retorno de inversión destacados entre los años 1980 a 2.000, pero a partir de allí, cuando uno de los accionistas transgredió la disciplina de las actas y optó por la tal “creatividad” egoísta del escritor, todo ha tenido un crecimiento negativo.

Porque, en resumen, ¿qué necesidad tenía Otawaska de plantear en un cuento que el origen de la fotografía se remontaba a la época en que la energía de los volcanes estaba constituida por partículas inteligentes que reposaban dentro de la oscuridad de los aposentos de las cámaras fotográficas, pero que se reproducían en fotones, igualmente alegres, cuando la situación se exponía al ataque de la luz?

La empresa ha batallado desde entonces para demostrar que las células fotogénicas no existen ni son la mínima expresión de los nomos y duendes quisquillosos, pero la gente del común ha decidido detener sus inversiones en cámaras fotográficas para dedicarse a esperar si las minúsculas luminarias del imperio organizado del reino de la oscuridad logra conquistar a las huestes petulantes de la luz.

¿No te parece que hubiera sido más sensato haber incrementado las utilidades como era lo real y conveniente, que ensartar a los cuadros directivos en disquisiciones sobre los peligros o beneficios de que el país de la oscuridad triunfare sobre las evidencias de una luz hiriente pero atestada de parsimonia?

Pero claro, cometido un error de esta naturaleza la batalla se desata y por más que se expidan medidas restringiendo o, incluso, prohibiendo el uso de armas en batallas intra cámaras, todos los implicados, ejércitos y portadores, quieren ser mensajeros del bienestar y, en consecuencia, esto no genera crecimiento sino molicie y debilidad.

Como capítulo aparte te puedo contar que en la sesión de terapia No. 33[4] , que se desarrolló, por recomendación de la enfermera auxiliar No. 2 del doctor en el sitio Punta Canoa, sobre el Mar Caribe, en cercanías de Cartagena de Indias, el doctor y las enfermeras decidieron como forma de terapia para ayudarme, relatarme a varias voces las penalidades que ellos, como grupo, habían pasado frente a la sociedad por presentarse como equipo sentimental en un congreso al que fue invitado el doctor.

De hecho, los organizadores no aceptaron que mi psiquiatra apareciera con su esposa y siete enfermeras, todas lindísimas, provocadoras y semi desnudas, como la empresa Horacia, Veleta, Cornisa, Pedagos, Arsenio, Comala, Medida, Mackhete y Sodarno Asociados, ni, por supuesto, concedieron al doctor el pedido de que se les asignara a todo el grupo un solo cuarto con una cama muy ancha en la que pudieran descansar y dormir todos juntos en cualquier momento, por razones de la conferencia y el trabajo que habían preparado y cuyo vídeo entregarían a los asistentes del congreso.

De hecho, en vez de sentarse a la mesa uno al lado del otro, como es lo usual en los congresos, llevaron una silla armable en la que se podían acomodar uno arriba del otro y, con un artificio de poleas y adminículos electrónicos podían lograr que el doctor, durante el almuerzo, según los requerimientos de la conversación, pudiera cambiar de puesto en la torre.

Uno de los asistentes se abalanzó con un hacha a destrozar la estructura de la torre y fue necesario que quien ocupaba la parte alta soltara sobre el atacante una bola de acero que se mantenía siempre en la parte superior de la torre junto con dos litros de aceite hirviendo, para utilizarlos a discreción en este tipo de situaciones.

La potala fue decomisada y el aceite se destinó a la cocina del hotel y los heridos fueron trasladados a donde pertenecían.

El doctor y las enfermeras, que son gente seria y madura no dieron declaraciones a la prensa escrita ni a la radio y, como era de esperarse, el asunto, en cuanto cotilleo, languideció sin demasiada motivación.

Para que tengas una idea, imagínate que en cada sesión de terapia había diecisiete o dieciocho sucesos de originalidad y sustancia similar de los cuales uno podía hacerse partícipe o no sin ofender a nadie.

En otras sesiones había música, cigarros y laxantes, por los poderes curativos de la limpieza del estómago, o películas, o monólogos.

En cuanto a los ejemplos que pueden destacarse, se citan en la literatura especializada[5] casos como el de Panchini, escritor Cuenqueño, quien se liberó de contar que en los Altos del Cachimir vive un señor al que el pelo le crece a una rata de metro por día y a la señora de metro y medio también por día y que entre los dos abastecen cómodamente el único almacén de artesanías de cabello humano que funciona en Perú, porque, además, tienen variedad de producto, en la medida que no es el pelo de la cabeza el único que les crece con esa feracidad,  sino que también lo hace así el de las partes, las piernas, las axilas y la nariz.

Bueno, ya me despido. Salúdame a los tuyos.

Pedro.



[1] He dicho “fuente”, sin explicarte de qué, porque en estos meses he aprendido que ofrecer a otro una fuente, así no sea de algo en especial es maravilloso, útil y poético.  Por supuesto, no soy ajeno a que tu tesis de grado fue sobre la inspiración poética de Sor Juana Inés de la Cruz.  A propósito, te recomiendo le libro “La fuente y la Ventana, Experiencias Paralelas”, de Guy de Fragavachtecour.  Ya sabrás porque lo hago.

[2]Editorial Bonniutu, Lima, 1968

[3] Papeles de la tradición monacal.  Segundo sótano de la abadía de Trepabonita.

[4] Tengo todas las sesiones debidamente redactadas, foliadas y con índices generales, por materia, con citas de pie de página y resaltadas con tinta roja, en especial los aspectos más emocionantes.

[5] Se puede consultar variada y extensa literatura en la obra “Variada y Extensa literatura sobre casos relevantes de beneficios comprobados en Escritores que dejaron de escribir por recomendación psiquiátrica interactuante.

-VAJEXLISOCAREPBECOMENESQUEDESCRIPORECPRINT -, — VASINT–,

Tacronet, Viscorov K., Edit. Poush, Saravejo, 2003.  Reproducido con licencia reg. 14781012. C4T2 por la Universidad de Cataluña Departamento de Varios.  2004.  Traductor:  Malinkor Pérez H. (Lic. 47 MinRel. Exteriores de Colombia)

En los buses

Ayer presencié unas de esas cosas que si a uno se las cuentan tiende a pensar que son mentira. Imagínense que iba en un bus de recorrido urbano, ni lleno ni vacío, ni viejo ni nuevo, sino como es la usanza en estas ciudades, “trabajable”,  y un señor que se subió en la calle 57 con carrera séptima, que se sentó justo delante de mí, trabajador él, de oficina, ni rico ni pobre, sino más bien de dignidad compuesta, como se dice ahora, dio con la idea esta tan de moda en la clase media, de rascarse el interior del oído con lo primero que le pone a su disposición el bolsillo, atiborrado de inutilidades, ¡seguramente! porque así he podido verificar que sucede, y procedió pues con una llave y en eso estuvo hasta la calle 67, en la cual normalmente me hubiera bajado, pero cuando iba a hacerlo vi con sorpresa que cambiaba de instrumento, aunque, a decir verdad, conservaba la misma actitud de intelectualidad de quienes hacen cosas personales en público y me dije, entre auto broma y sorpresa: ¿a que nos lleva este individuo tan normal?

Pues que se introdujo un fósforo en el dicho oído y se rascaba con tal deleite, si bien discreto, nada especial, digo, que no me bajé del bus en mi paradero. ¡cosa de reflejo! Nada digno de Freud o Jung, acepto, pero interesante a las 11 de la mañana.

No he podido entender la razón, pero se le prendió el fósforo en el oído, y como era peludo de orejas el sujeto y quizá tenía cera acumulada, que bien se sabe lo ígnea o pirotécnica que resulta, y además, que en esto no hay especialistas, así es la vida, que empezó a botar fuego furioso por la oreja izquierda, que era la del trámite, y en un santiamén la cabellera siguió la línea inflamable y ¡hay mi madre! y sale ese señor disparado por el corredor del bus hacia la puerta de adelante todo encendido en candela y ¡auxilio que me quemo! y el chofer que lo ve de reojo y atina a meter el breke a fondo y se catapulta el señor de los infiernos, con llamas de hasta 10 centímetros ya en la cabeza, contra el torpedo derecho del bus y con las mismas cae fuera entre dolores y solicitudes de auxilio, con tan buena suerte que ¡zas! una bicicleta que lo atropella y allá van en llamas y fierros nuestro encendido auto pirómano y el repentino ciclista, contra una valla de propaganda ¡Sprite te dice la verdad!

Todo parece indicar que el golpe apagó las llamas, pero todavía retumban en mis oídos los gritos del ciclista: ¡el diablo mami, el diablo!

Ras. Por enero del 07.